Sábado y salimos temprano. El amanecer tiene
magia, habla con un tono diferente. Mariana carga el maletín con
los lentes, el pequeño trípode, sus deseos de vivir. Busca un pedazo de hierro,
un tubo rojo, un pájaro. Con el lente crea poesía. Observo los alrededores
donde vivimos hace ya tantos años, que ella descubre, capta, toman un color,
viven de otra manera. Una vulgar pared, una flor, el árbol, el insecto, el
grupo de vacas, el camión. Sin una palabra grita y muestra la vida que nos
rodea y que ignoramos. Intuye, observa, pelea con ella misma, dispara. El
color, una gota de rocío, la tela de araña. Se empeña, se equivoca,
regresa, persiste. Esa es la poesía.
Saturday, March 23, 2013
Sunday, March 17, 2013
Bicho
Sé que el tema está muy gastado. Sé
que a nadie le importa un comino mi opinión y mucho menos lo que escribo y bla,
bla, bla. Pero no veo un atisbo de luz, una grieta por donde pueda colarse la
maravilla de creer en el bicho humano. Mi aura tiene que tener colores oscuros.
La imagino de un morado, tirando a un gris ratón. Aunque tampoco creo en eso.
No creer, cuestionarlo todo es difícil; es como si la vida fuera un camino
cuesta arriba. Lo ideal sería sonreír bovinamente y comer y defecar y a veces
revolcarse con otra persona y ya. Creo que muchos lo hacen y no imaginan
el milagro que es su vida. Soy egoísta. Me cuesta pensar en general en la
raza humana. Como grupo es una mierda. Individualmente, bueno, algunos hacen
cosas que valen la pena. Jamás podría ser un hombre que lucha por un pueblo. Parecerá
superfluo, ¿pero sacrificarme para que mi vecino tenga privilegios o libertades
o mas comida y esas cosas? Ni que fuera anormal. ¿Que estoy enfermo de
rabia, de egoísmo, que soy un egocentrista? Todo eso puede ser y aun mas.
Comprendo que mis razonamientos son simples: todo esto y miles de
otras cosas lo cargan también los demás, entonces, yo me
siento más o menos a gusto en mi idea de apartar al bicho. Ademas, ¿a quien le importa?
Saturday, March 16, 2013
La feria
En los terrenos de una iglesia del
barrio, en esta época del año, levantan, como algo mágico, una feria. Lo que
antes era un espacio infinito de hierba se convierte en un espectáculo de
luces, monstruos en movimiento, olores a dulces y comidas refritas, gritos, algarabías,
risas, adolescentes y niños. He visto un poco, cuando arman todo este
amasijo de locuras, a hombres que son la imagen del desapego y de
la soledad. Caras y cuerpos cansados que se mueven sin raíces por las
intrincadas ciudades del país. Hombres y mujeres marcados por el alcohol y las
drogas. Gente arrancada de "los terribles encantos que tiene el
hogar". Viven y se hacen viejos mientras la carretera no es más que la
continuidad de lo mismo, tras los amasijos de hierros viejos
vueltos a pintar, para maquillar la decrepitud. Vida vivida
en cualquier lugar, recuerdos mezclados y confundidos en la prisa diaria. No ha
cambiado mucho esta tradición legendaria. Imagino que son como una raza
apartada, desperdigada y casi invisible. Sin libros, ningún cuadro o fotografía
adornando una pared deseada, sin un árbol que cuidar. Ya esta lista la
fiesta. No se piensa inmerso entre el ruido, las luces y la vida dando vueltas
y vueltas. Gritos, comidas, tickets. Los hombres invisibles esperando. Cervezas,
drogas, rabia. La feria
espera. Pasen todos.
Nada que decir
Hace días que no escribo. Leo, miro,
vuelvo a leer y algo me da vueltas y vueltas. Cuando no logro decir nada que
medianamente me satisfaga, me siento mal. Voy a ser sincero: me da pánico.
Siento como si no pudiera volver a decir una palabra, crear una imagen.
Aparte de sentirme mal por eso, realmente me duele todo. Los brazos, las
piernas y la ingle. Por momentos presiento que el bicho de Aliens se retuerce
dentro de mí. Aunque trate de no demostrarlo soy un poco hipocondriaco. Un
dolorcito en el hombro izquierdo y comienzan las imágenes truculentas de un
hearth attack. La pierna y me imagino sin poder caminar, arrastrándome
por el suelo. Me aterroriza la idea de que me tengan que limpiar mis
miserias. No es pose, estoy diciendo la verdad. Hace unos minutos hablaba con
un tipo argentino que viene al trabajo de vez en cuando. Es algo así como el
fumigador, o ratonero o que se yo. Este hombre, como argentino que es, viene de
otro planeta y vive en una actuación made in Argentina, patagónica,
constantemente. Pero bueno, le gusta Pablo, Silvio y ya eso lo hace más
asequible. Le decía que creía que todo lo que éramos, estaba sujeto por
una cuerda tan delicada, que la vida no era más que una sucesión de milagros.
Que todo era extremadamente frágil y perecedero, que un minuto después
del que ya vivimos es casi un acontecimiento triunfal. Mas o menos eso le decía,
porque me gusta a veces ser un pedante y mostrar una filosofía que ni es cierta
del todo y que tampoco me pertenece. Entonces el comenzó a disparar su descarga
metafísica y profunda, con música de bandoneón. Y mientras hablaba yo imaginaba
un bife de chorizo del tamaño del plato con papas fritas y una copa de Malbec,
acompañado con un tango de esos de sufrir de verdad, que me encantan.
Es bueno hacer esas cosas de vez en cuando. Mariana lo odia. No
entiendo muy bien porque. Mariana es la mujer más inteligente que he
conocido. Y Sara, su madre. Pero ella odia que me ponga a "hablar
mierdas". Ella es mas practica. Su cerebro es una mezcla de matemática y
bondad. El mío es una especie de maquinaria que crea musarañas y por momentos
tiene destellos del Cromagnon. Así somos, ¿que le vamos a hacer? ¿Quien puede
cambiar a esta edad? Además, no cambiaria absolutamente nada. Solo mi
sedentarismo. Que me guste correr, brincar, sudar y esas cosas que hacen
millones de personas con tanto placer. Mentira, cambiaria otras cosas también.
Pero no las voy a decir aquí, que está bien que uno sea abierto y que no le
importe lo que otros piensan; pero de ahí a caminar en cueros va un gran
trecho. Bueno, como dije al principio no tengo nada para escribir. Entonces será
mejor que me calle, que no hable más mierda, que en boca cerrada no
entran las moscas.
Habemus Papam
El asombro no tiene fin. Creo que lo
he visto todo y de pronto, como por encanto, frente a mí se abre un nuevo
panorama con matices paranoicos, por no decir tristes, casi incomprensibles
por la simple y continua brutalidad. Cuando observo a los animales en su
lucha por la supervivencia, no dejo de imaginar que es terrible vivir de
esa forma y sin embargo la vida cotidiana me demuestra que se puede ser aun más
salvaje. Nacen personas que solo están ahí para hacerle la vida un poco mas difícil
a las demás. Es el cuento de nunca acabar. Para hablar de otra cosa, allá
en la Ciudad del Vaticano están reunidos a puerta cerrada los clérigos para
elegir un nuevo Papa. Aguardan por la iluminación divina para escoger al
que nos conectara con el Espíritu Santo. Afuera miles de seguidores emocionados
esperando el humito blanco: Habemus Papam! La vida no deja de asombrarme. Y los
reyes y la pompa ceremoniosa y los seguidores de todas esas fanfarrias. Lo
mejor de todo son los chistes que circulan por la internet con relación al
estrenado Pontífice argentino. Eso demuestra que no todo el mundo se toma muy
en serio a la iglesia y así es más saludable. Una de las cosas que leí
fue que van a cambiar el agua bendita por chimichurri. Me dio mucha gracia.
Creo que todos estos espectáculos de cierta manera son necesarios. La gente
quiere diversión y como algunos van a un concierto de rock y se
enloquecen y gritan y les dan patatús, otros van a la Plaza San Pedro por
el espectáculo divino y otros en Caracas siguen a paso de rumba, comiendo
arepas a la momia de Latinoamérica Tutanchavez. Así somos, aburridos y simples,
buscando un guía que nos señale el camino en el que nos perdemos, aunque llano
sea. Como dice los
puertorriqueños: no hay mas na'.
Sunday, March 3, 2013
La Virgen en la ventana
Han pasado muchos años desde que deje
atrás aquel episodio. Pero hoy, buscando aburrido en el librero un
libro cualquiera, me tope con él. Lo abrí y allí estaban las imágenes de una
Cuba casi surrealista, que no tiene nada que ver conmigo. Por lo menos no tiene
nada que ver con las memorias que tengo de aquel lugar. Pero de todas formas es
un libro lindo. Y es un libro que me recuerda un acto de miseria, un acto
cobarde. Algo que hice y que no me gusta. Es un libro robado. No a una
biblioteca o de una tienda o de cualquier otro lugar que no supondría para mí
el menor arrepentimiento. Si enumerara los libros que me he robado de librerías
y bibliotecas, no cabrían en una página. Se lo robe a una persona. A un
compañero de trabajo. A un gran hijo de puta que trabajaba conmigo.
Fue así:
Donde laboraba en aquella época,
había varios personajes de esos que quisiera tener muy lejos y que el
destino y la necesidad me han obligado a soportar día tras día. Yo era joven y
era engreído; me creía inmortal, fuerte y capaz de todo. Resumiéndolo,
solo tendría que decir que era joven. Todas las horas que pasaba en ese
lugar las gastaba tratando de trabajar lo menos posible, comer lo que
encontraba y reírme. Me reía de casi todo.
Por eso y una actitud de
superioridad ridícula, me ganaba enemigos. Algunos me miraban y comentaban
sobre mi cosas a mis espaldas. Algunas eran reales, otras producto de sus
odios y sus cerebros fronterizos. Carlos era un tipo que llevaba
trabajando allí cuarenta años. Era un chequeador. Regulaba los pedidos,
etc, y también era chivato, mal intencionado, venenoso como una
serpiente y de esa generación que nos miraba como a delincuentes arribistas y
malagradecidos; con ese sentimiento de: nosotros somos lo que somos, ustedes
son una porquería. Algo así. A mí, particularmente, no me soportaba.
Tuvimos dos buenos encontronazos y ya no nos hablábamos. Solo cuando era
absolutamente necesario por razones de trabajo.
Un día trajo un libro. Estábamos todos
en el comedor, a la hora del lunch y se acerco a la mesa y anuncio el libro
como un regalo que alguien le había hecho. Lo mostraba a todos, menos a mí, por
supuesto. Yo me moría por verlo. Escuchaba los comentarios sobre las
fotografías y sentía una envidia que me corroía por dentro. Nunca me paso por
la mente ir a buscar aquel libro y comprarlo, cosa que cualquier persona cuerda
hubiera hecho. Mi mente solo giraba alrededor de "aquel libro". Tenía
que verlo, tenía que tenerlo en mis manos. Lo vigile. No dije nada a nadie, no
me cague en su madre, como de costumbre, no demostré nada. Después lo robe. En
la mínima oportunidad que dejo el libro sin vigilancia, cayó en mis manos. Lo
oculte. No tiene sentido describir lo que sucedió cuando se dio cuenta que
no estaba, ni lo que grito, amenazo, condeno. Yo me sentía feliz y
con mucho miedo de que me descubrieran, pero lo pude sacar y lo lleve a mi
casa.
Así paso todo. Así pasaban las cosas
en aquel lugar de locos. Creo que al cabo de varios días, ya nadie recordaba el
libro robado. Y yo seguí recibiendo las miradas de cuchillos de Carlos, sus
venenos a mis espaldas y como devolución, el las mías y mi mayor desprecio.
Sin darme cuenta, un día no vino mas a
trabajar. Me entere que estaba enfermo. No me importo. Me alegro saber que no
lo iba a ver. Y todo siguió sin el de la manera más normal.
Una mañana llego de sorpresa.
Venia de visita. Lo vi de lejos y no lo reconocí. Se había convertido en un
muñequito frágil, cetrino, encorvado. No pude evitar un estremecimiento. No me
acerque a él y creo que no me vio. Después se volvió a ir y no lo recordé mas.
Carlos regreso. Lo vi hablando con
otros compañeros de trabajo. Era como un diminuto títere viejo,
entre los hombres que lo rodeaban. De lejos miraba aquella imagen y no
lograba descifrar que era lo que sentía por él. Vino a donde yo estaba.
Me saludo y me dio la mano. Al apretar la suya, recordé la tarde
cuando agarre la lagartija que retorciéndose, me ofrecían
los amigos para no ser menos que ellos. El terror y la repulsión. Traía
un álbum de fotos. Me dijo que si quería verlas, que eran fotos de la Virgen
que lo visitaba todos los días. La Virgen se paraba junto a la ventana y lo
miraba largamente. Solo lo miraba. Me mostro las fotos. Las manos le temblaban
cuando me señalaba cada fotografía idéntica una de otra, pagina tras
pagina.
- Mira- decía- ves a la Virgen, ves su
imagen?
Yo veía unas ramas de un árbol y una
pared y la sombra del sol, pero le dije que se veía claramente.
- ¿Verdad que si se ve claramente,
verdad?- contesto y me pareció una súplica.
-Claramente, la veo claramente- fue mi
respuesta.
Después se fue y sentí un alivio de
que se fuera y un sentimiento como de tierra húmeda en la garganta.
Alguien le comento que en Atenas
había un doctor o un curandero, que practicaba la medicina de los
antiguos y que podía curar su enfermedad. Y se fue en busca de las pócimas que
usaron Arquímedes, Aristóteles, Herodoto y otros más. Imaginaba a Carlos
sentado en unos cojines, con una túnica blanca ingiriendo un asqueroso mejunje
en una copa de metal con inscripciones de batallas y dioses del Olimpo. Me
hacían gracia esas ideas.
La última vez que lo vi, traía un
álbum nuevo. Me mostro otra ventana de su casa, donde ahora la Virgen le
hablaba. Le decía que todo iría bien, que no temiera, que todo iría bien. Me
hablaba y su voz era como el sonido una maquinaria frágil. Como un
estertor lejano que se confunde entre el ruido y el aire.
Nos despedimos con un apretón de
manos. Era como apretujar el cuerpo tibio de la lagartija. Lo
vi alejarse con el álbum en la mano, como un colegial que demora los
últimos segundos para entrar a la escuela.
Saturday, March 2, 2013
98%
Si tuviera posibilidades económicas y
mis movimientos en la vida diaria me pertenecieran, no dudaría un segundo en
apartarme del tumulto al que me somete la necesidad. No soporto al 98% de las
personas. El otro 2% son los que de alguna forma amo, o sea, que estoy obligado
por una sinrazón inexplicable de la que casi todo el mundo padece más o menos,
intensamente. No creo estar loco al pensar así, ni me siento muy egoísta o
ciego a la realidad. Es que la mayoría de la gente me parecen un estorbo,
una imposición. No conozco una canción mas ridícula, hipócrita, mentirosa y
tonta que aquella de Roberto Carlos queriendo tener un millón de amigos. ¡Que
horror! No tengo capacidad para tanto. Sería tan aburrido. No sé de que podría
hablar con más de dos, a lo máximo, tres amigos. Mis temas de conversación
son muy limitados, lo que no me permite imaginar a muchos escuchándome. Ni yo escuchándolos.
Recuerdo que hace años, antes de quemar todos mis navíos al llegar
Mariana con su olor a miel y cargando sus canciones brasileras, que
vivía obsesionado por la conquista. Tener un cuerpo más en la lista era una razón
primordial. Por supuesto que en este momento no conquistaría ni a la
Cucarachita Martina, pero de solo pensar que tendría que ocupar mi espacio para
hablarle a una mujer, mentir convincentemente (es imprescindible en toda
conquista), conversar con ella, reír, hacer que el momento fuera
aceptable; no puedo, ya no puedo. Entraría automáticamente, por mi propia
incapacidad en el 98%. No me queda ni siquiera la esperanza del
descubrimiento. Las tierras antes conquistadas me mostraron que la tierra es
tierra, es tierra, es tierra. Entonces, agarrando el hilo por lo que comencé
esta mezcla de ideas trastocadas, viviría rodeado de muros, o por lo menos
lejos del montón. Es muy aburrido tener que sonreírles cuando lo
que quieres es mandarlos a la mierda. Dentro de unos días llegara mi hermana.
Hace 33 años que no nos vemos. Pienso en ella y veo a una niña muy linda frente
al espejo de la vieja cómoda, con una toalla en la cabeza imitando el pelo
largo que mi madre le mantenía muy corto. Siempre veo a esa niña. Y un vacio.
Un silencio que no sé cómo llenar. Y como casi siempre ante todo lo que me
mueve los débiles cimientos que he creado, temo.
Subscribe to:
Posts (Atom)





