Saturday, March 23, 2013

Mariana

                                                                          foto: m aguero

Sábado y salimos temprano. El amanecer tiene  magia, habla con un tono  diferente. Mariana carga el maletín con los lentes, el pequeño trípode, sus deseos de vivir. Busca un pedazo de hierro, un tubo rojo, un pájaro. Con el lente crea poesía. Observo los alrededores donde vivimos hace ya tantos años, que ella descubre, capta, toman un color, viven de otra manera. Una vulgar pared, una flor, el árbol, el insecto, el grupo de vacas, el camión. Sin una palabra grita y muestra la vida que nos rodea y que ignoramos. Intuye,  observa, pelea con ella misma, dispara. El color, una gota de rocío, la tela de  araña. Se empeña, se equivoca, regresa, persiste. Esa es la poesía.

Sunday, March 17, 2013

Bicho


Sé que el tema está muy gastado. Sé que a nadie le importa un comino mi opinión y mucho menos lo que escribo y bla, bla, bla. Pero no veo un atisbo de luz, una grieta por donde pueda colarse la maravilla de creer en el bicho humano. Mi aura tiene que tener colores oscuros. La imagino de un morado, tirando a un gris ratón. Aunque tampoco creo en eso. No creer, cuestionarlo todo es difícil; es como si la vida fuera un camino cuesta arriba. Lo ideal sería sonreír bovinamente y comer y defecar y a veces revolcarse con otra persona y ya. Creo que muchos lo hacen y no imaginan  el milagro que es su vida. Soy egoísta. Me cuesta pensar en general en la raza humana. Como grupo es una mierda. Individualmente, bueno, algunos hacen cosas que valen la pena. Jamás podría ser un hombre que lucha por un pueblo. Parecerá superfluo, ¿pero sacrificarme para que mi vecino tenga privilegios o libertades  o mas comida y esas cosas? Ni que fuera anormal. ¿Que estoy enfermo de rabia, de egoísmo, que soy un egocentrista? Todo eso puede ser y aun mas. Comprendo que  mis razonamientos son simples: todo esto  y miles de otras cosas  lo cargan   también los demás, entonces,   yo me siento más o menos a gusto  en mi idea de apartar al bicho. Ademas, ¿a quien le importa?

Saturday, March 16, 2013

La feria



En los terrenos de una iglesia del barrio, en esta época del año, levantan, como algo mágico, una feria. Lo que antes era un espacio infinito de hierba se convierte en un espectáculo de luces, monstruos en movimiento, olores a dulces y comidas refritas, gritos, algarabías, risas, adolescentes y niños. He visto un poco,  cuando arman todo este amasijo de locuras, a  hombres que son la imagen del desapego  y de la soledad. Caras y cuerpos  cansados que se mueven sin raíces por las intrincadas ciudades del país. Hombres y mujeres marcados por el alcohol y las drogas. Gente arrancada de "los terribles encantos que tiene el hogar". Viven y se hacen viejos mientras la carretera no es más que la continuidad de lo mismo,  tras los amasijos de hierros viejos  vueltos a pintar,  para  maquillar la decrepitud. Vida vivida en cualquier lugar, recuerdos mezclados y confundidos en la prisa diaria. No ha cambiado mucho esta tradición legendaria. Imagino que son como una raza apartada, desperdigada y casi invisible. Sin libros, ningún cuadro o fotografía adornando una pared deseada, sin un árbol que cuidar.  Ya esta lista la fiesta. No se piensa inmerso entre el ruido, las luces y la vida dando vueltas y vueltas. Gritos, comidas, tickets. Los hombres invisibles esperando. Cervezas, drogas, rabia. La feria  espera. Pasen todos.


Nada que decir


Hace días que no escribo. Leo, miro, vuelvo a leer y algo me da vueltas y vueltas. Cuando no logro decir nada que medianamente me satisfaga, me siento mal. Voy a ser sincero: me da pánico. Siento como si no pudiera  volver a decir una palabra, crear  una imagen. Aparte de sentirme mal por eso, realmente me duele todo. Los brazos, las piernas y la ingle. Por momentos presiento que el bicho de Aliens se retuerce dentro de mí. Aunque trate de no demostrarlo soy un poco hipocondriaco. Un dolorcito en el hombro izquierdo y comienzan las imágenes truculentas de un hearth  attack. La pierna y me imagino sin poder caminar, arrastrándome por el suelo. Me aterroriza la idea de que me tengan  que limpiar mis miserias. No es pose, estoy diciendo la verdad. Hace unos minutos hablaba con un tipo argentino que viene al trabajo de vez en cuando. Es algo así como el fumigador, o ratonero o que se yo. Este hombre, como argentino que es, viene de  otro planeta y vive en una actuación made in Argentina, patagónica,  constantemente. Pero bueno, le gusta Pablo, Silvio y ya eso lo hace más asequible. Le decía que creía que todo lo que éramos, estaba sujeto  por una cuerda tan delicada, que la vida no era más que una sucesión de milagros. Que todo era extremadamente  frágil y perecedero,  que un minuto después del que ya vivimos es casi un acontecimiento triunfal. Mas o menos eso le decía, porque me gusta a veces ser un pedante y mostrar una filosofía que ni es cierta del todo y que tampoco me pertenece. Entonces el comenzó a disparar su descarga metafísica y profunda, con música de bandoneón. Y mientras hablaba yo imaginaba un bife de chorizo del tamaño del plato con papas fritas y una copa de Malbec, acompañado con  un tango de esos de sufrir de verdad, que me encantan.  Es bueno hacer esas cosas de vez en cuando. Mariana lo odia.   No entiendo muy bien porque. Mariana es la mujer más inteligente que  he conocido. Y Sara, su madre. Pero ella odia que me ponga a "hablar mierdas". Ella es mas practica. Su cerebro es una mezcla de matemática y bondad. El mío es una especie de maquinaria que crea musarañas y por momentos tiene destellos del Cromagnon. Así somos, ¿que le vamos a hacer? ¿Quien puede cambiar a esta edad? Además, no cambiaria absolutamente nada. Solo mi sedentarismo. Que me guste correr, brincar, sudar y esas cosas que hacen millones de personas con tanto placer. Mentira, cambiaria otras cosas también. Pero no las voy a decir aquí, que está bien que uno sea abierto y que no le importe lo que otros piensan; pero de ahí a caminar en cueros va un gran trecho. Bueno, como dije al principio no tengo nada para escribir. Entonces será mejor que me calle, que no hable más mierda,  que en boca cerrada no entran las moscas.


Habemus Papam


El asombro no tiene fin. Creo que lo he visto todo y de pronto, como por encanto,  frente a mí se abre un nuevo panorama con matices paranoicos,  por no decir tristes, casi incomprensibles  por la simple y continua brutalidad. Cuando observo a los animales en su lucha por la supervivencia, no dejo de imaginar  que es terrible vivir de esa forma y sin embargo la vida cotidiana me demuestra que se puede ser aun más salvaje. Nacen personas que solo están ahí para hacerle la vida un poco mas difícil  a las demás. Es el cuento de nunca acabar. Para hablar de otra cosa, allá en la Ciudad del Vaticano están reunidos a puerta cerrada los clérigos para elegir un nuevo Papa. Aguardan  por la iluminación divina para escoger al que nos conectara con el Espíritu Santo. Afuera miles de seguidores emocionados esperando el humito blanco: Habemus Papam! La vida no deja de asombrarme. Y los reyes y la pompa ceremoniosa y los seguidores de todas esas fanfarrias. Lo mejor de todo son los chistes que circulan por la internet con relación al estrenado Pontífice argentino. Eso demuestra que no todo el mundo se toma muy en serio a la iglesia  y así es más saludable. Una de las cosas que leí fue que van a cambiar el agua bendita por chimichurri. Me dio mucha gracia. Creo que todos estos espectáculos de cierta manera son necesarios. La gente quiere diversión y como  algunos van a un concierto de rock y se enloquecen y gritan y les dan patatús, otros van a la Plaza San Pedro  por el espectáculo divino y otros en Caracas siguen a paso de rumba, comiendo arepas a la momia de Latinoamérica Tutanchavez. Así somos, aburridos y simples, buscando un guía que nos señale el camino en el que nos perdemos, aunque llano sea. Como dice los puertorriqueños: no hay mas na'.


Sunday, March 3, 2013

La Virgen en la ventana



Han pasado muchos años desde que deje atrás aquel  episodio.  Pero hoy, buscando aburrido en el librero un libro cualquiera, me tope con él. Lo abrí y allí estaban las imágenes de una Cuba casi surrealista, que no tiene nada que ver conmigo. Por lo menos no tiene nada que ver con las memorias que tengo de aquel lugar. Pero de todas formas es un libro lindo. Y es un libro que me recuerda un acto de miseria, un acto cobarde. Algo que hice y que no me gusta. Es un libro robado. No a una biblioteca o de una tienda o de cualquier otro lugar que no supondría para mí el menor arrepentimiento. Si enumerara los libros que me he robado de librerías y bibliotecas, no cabrían en una página. Se lo robe a una persona. A un compañero de trabajo. A un gran hijo de puta que trabajaba conmigo.
Fue así:
Donde laboraba  en aquella época, había  varios personajes de esos que quisiera tener muy lejos y que el destino y la necesidad me han obligado a soportar día tras día. Yo era joven y era engreído;  me creía inmortal, fuerte y capaz de todo. Resumiéndolo, solo tendría que decir que era joven. Todas las horas que pasaba  en ese lugar las gastaba tratando de trabajar lo menos posible, comer  lo que encontraba y reírme. Me reía de casi todo.
Por  eso y una actitud de superioridad ridícula, me ganaba enemigos. Algunos me miraban y comentaban sobre  mi cosas a mis espaldas. Algunas eran reales, otras producto de sus odios y sus cerebros fronterizos.  Carlos era un tipo que llevaba trabajando allí   cuarenta años. Era un chequeador. Regulaba los pedidos, etc,  y  también era chivato, mal intencionado, venenoso como una serpiente y de esa generación que nos miraba como a delincuentes arribistas y malagradecidos; con ese sentimiento de: nosotros somos lo que somos, ustedes son una porquería. Algo así.  A mí, particularmente, no me soportaba. Tuvimos dos buenos encontronazos y ya no nos hablábamos. Solo cuando era absolutamente necesario por razones de trabajo.
Un día trajo un libro. Estábamos todos en el comedor, a la hora del lunch y se acerco a la mesa y anuncio el libro como un regalo que alguien le había hecho. Lo mostraba a todos, menos a mí, por supuesto. Yo me moría por verlo. Escuchaba los comentarios sobre las fotografías y sentía una envidia que me corroía por dentro. Nunca me paso por la mente ir a buscar aquel libro y comprarlo, cosa que cualquier persona cuerda hubiera hecho. Mi mente solo giraba alrededor de "aquel libro". Tenía que verlo, tenía que tenerlo en mis manos. Lo vigile. No dije nada a nadie, no me cague en su madre, como de costumbre, no demostré nada. Después lo robe. En la mínima oportunidad que dejo el libro sin vigilancia, cayó en mis manos. Lo oculte. No tiene sentido describir lo que sucedió cuando se dio cuenta que  no estaba,  ni lo que grito, amenazo, condeno. Yo me sentía feliz y con mucho miedo de que me descubrieran, pero lo pude sacar y lo lleve a mi casa.
Así paso todo. Así pasaban las cosas en aquel lugar de locos. Creo que al cabo de varios días, ya nadie recordaba el libro robado. Y yo seguí recibiendo las miradas de cuchillos de Carlos, sus venenos a mis espaldas y como devolución, el las mías y mi mayor desprecio.
Sin darme cuenta, un día no vino mas a trabajar. Me entere que estaba enfermo. No me importo. Me alegro saber que no lo iba a ver.  Y todo siguió sin el de la manera más normal.
Una mañana  llego de sorpresa. Venia de visita. Lo vi de lejos y no lo reconocí. Se había convertido en un muñequito frágil, cetrino, encorvado. No pude evitar un estremecimiento. No me acerque a él y creo que no me vio. Después se volvió a ir y no lo recordé mas.
Carlos regreso. Lo vi hablando con otros compañeros de trabajo. Era como un diminuto  títere viejo,  entre los hombres que lo rodeaban. De lejos miraba aquella imagen y no lograba  descifrar que era lo que sentía por él. Vino a donde yo estaba. Me saludo y me dio la mano. Al  apretar  la suya, recordé la tarde cuando  agarre  la lagartija que retorciéndose,   me ofrecían los amigos  para no ser menos que ellos. El terror y la repulsión. Traía un álbum de fotos. Me dijo que si quería verlas, que eran fotos de la Virgen que lo visitaba todos los días. La Virgen se paraba junto a la ventana y lo miraba largamente. Solo lo miraba. Me mostro las fotos. Las manos le temblaban cuando me señalaba cada fotografía  idéntica una de otra, pagina tras pagina.
- Mira- decía- ves a la Virgen, ves su imagen?
Yo veía unas ramas de un árbol y una pared y la sombra del sol, pero le dije que se veía claramente.
- ¿Verdad que si se ve claramente, verdad?- contesto  y me pareció una súplica.
-Claramente, la veo claramente- fue mi respuesta.
Después se fue y sentí un alivio de que se fuera y un sentimiento como de tierra húmeda en la garganta.
Alguien le comento  que en Atenas  había un doctor o un curandero, que practicaba la medicina de los antiguos y que podía curar su enfermedad. Y se fue en busca de las pócimas que usaron Arquímedes, Aristóteles, Herodoto y otros más. Imaginaba a Carlos sentado en unos cojines, con una túnica blanca ingiriendo un asqueroso mejunje en una copa de metal con inscripciones de batallas y dioses del Olimpo. Me hacían  gracia esas  ideas.
La última vez que lo vi, traía un  álbum nuevo. Me mostro otra ventana de su casa, donde ahora la Virgen le hablaba. Le decía que todo iría bien, que no temiera, que todo iría bien. Me hablaba y su voz era como el  sonido  una maquinaria frágil. Como un estertor lejano que se confunde entre el ruido y el aire.
Nos despedimos con un apretón de manos. Era como apretujar  el cuerpo tibio de la  lagartija.  Lo vi alejarse con el álbum en la mano, como un colegial que  demora los últimos segundos para entrar a la escuela.


Saturday, March 2, 2013

98%



Si tuviera posibilidades económicas y mis movimientos en la vida diaria me pertenecieran, no dudaría un segundo en apartarme del tumulto al que me somete la necesidad. No soporto al 98% de las personas. El otro 2% son los que de alguna forma amo, o sea, que estoy obligado por una sinrazón inexplicable de la que casi todo el mundo padece más o menos, intensamente. No creo estar loco al pensar así, ni me siento muy egoísta o ciego a la realidad. Es que la mayoría de la gente  me parecen un estorbo, una imposición. No conozco una canción mas ridícula, hipócrita, mentirosa y tonta que aquella de Roberto Carlos queriendo tener un millón de amigos. ¡Que horror! No tengo capacidad para tanto. Sería tan aburrido. No sé de que podría hablar con más de dos,  a lo máximo,  tres amigos. Mis temas de conversación son muy limitados, lo que no me permite imaginar a muchos escuchándome. Ni yo escuchándolos. Recuerdo que hace  años, antes de quemar todos mis navíos al llegar  Mariana con su olor a miel y cargando  sus canciones brasileras, que vivía obsesionado por la conquista. Tener un cuerpo más en la lista era una razón primordial. Por supuesto que en este momento no conquistaría ni a la Cucarachita Martina, pero de solo pensar que tendría que ocupar mi espacio para hablarle a una mujer, mentir convincentemente (es imprescindible en toda  conquista), conversar con ella, reír, hacer que el momento fuera  aceptable; no puedo, ya no puedo. Entraría automáticamente, por mi propia incapacidad en el 98%. No me queda  ni siquiera la esperanza  del descubrimiento. Las tierras antes conquistadas me mostraron que la tierra es tierra, es tierra, es tierra. Entonces, agarrando el hilo por lo que comencé esta mezcla de ideas trastocadas, viviría rodeado de muros, o por lo menos lejos  del  montón. Es muy aburrido tener que sonreírles cuando lo que quieres es mandarlos a la mierda. Dentro de unos días llegara mi hermana. Hace 33 años que no nos vemos. Pienso en ella y veo a una niña muy linda frente al espejo de la vieja cómoda, con una toalla en la cabeza imitando el pelo largo que mi madre le mantenía muy corto. Siempre veo a esa niña. Y un vacio. Un silencio que no sé cómo llenar. Y como casi siempre ante todo lo que me mueve los débiles cimientos que he creado, temo.