Cuando veo una película donde el tema
principal es la lucha del bien contra el mal, casi siempre los personajes
macabros, con inteligencia para la maldad y la ironía, son los que más me
gustan. Me aburren hasta el cansancio esos héroes que pasan toda su vida
brincando, peleando y persiguiendo a la malignidad en nombre de la humanidad.
No soporto a Batman, con su traje perfecto y esa ecuanimidad a prueba de
golpes. Yo prefiero a Jocker, inteligente, cínico, cobarde, irónico. Siempre
dispuesto al mal. Si Batman no me gusta, menos soporto a Robin, con su
indumentaria de colores, que a mí me produce risa. Vuela raudo Superman a
defender una ciudad entera que está en peligro de desaparecer. Que aburrido.
Prefiero a su archienemigo que quiere joderlo siempre. Spiderman: no sé ni que
pensar de él. Todos los que lo atacan son más trágicos, menos llorones. Dice mi
mujer que como puedo tolerar ese tipo de películas, después de ver 8 1/2 o
Desierto rojo, o Volver, de Almodóvar. Así es, si estoy pasando de canal en
canal y están poniendo Kill Bill, no importa las veces que la vi antes, la
vuelvo a ver. Nataly, en una de esas noches donde me quedo hasta tarde, dueño
del control remoto, viene y en un susurro me dice: Apo, ¿vamos a ver una película
mala? Y arropados con la manta del sofá, buscamos la más sanguinaria, la de
pasillos interminables, la que la música te congela y una mano con
un puñal siempre al acecho, te está esperando; para juntos abrazarnos de
miedo y risas. Rosy huye despavorida para no ver nada y tengo que pagarle
soportando con ella la colección interminable de Barbies, con sus
caballitos, sus vestidos y esas vocecitas azucaradas que son su locura, o I
Carly, con los muchachos gritando todo el tiempo. Pero la más cruel de todas es
Gianna, que me espera cuando llego del trabajo para que vea con ella los
programas de Caillou, Doc McStuffins y mil cartoons más. Creo que mis gustos eclécticos
por la pantalla tienen profundas raíces de paciencia. Paciencia y cariño.
Saturday, October 27, 2012
Break time
Hoy no tengo el periódico. Me siento y miro
hacia delante y descubro cosas que siempre estuvieron allí. Feísmo, leí una
vez. El afiche de la mulata vestida de pirata: pick up a pirate! dice, mientras
ella me mira empuñando una botella y con sus labios creo que me dice: de este
vino no beberás y lo repite: de este vino no beberás. El almanaque
agarrado con scotch tape. Esa rubia también me mira. Empina las tetas y aguanta
la respiración. Mira, me dice. Miro. Veo todo. Imagino todo. Esta acostada en
la arena. El mar es azul. Mira, repite. El mar es azul y es dorado. Se va
moviendo. Las olas llegan y no la tocan. Mira, susurra. ¡Oh, el mar!
pienso. Las olas tienen un sonido, prrrrfchplaff.... escucho
atento, plaff. Alrededor mío el polvo, los utensilios para mi trabajo, la
toronja picada, el sobrecito con azúcar de dieta. Esta no da cáncer, los otros sí.
Yogurt de blueberry. Que mierda. El text message, reviso Facebook, nada veo que
no sea la incomunicación habitual y la misma bobería. Pienso que en alguna parte
alguien no está bien, que otros ríen y otros entran al Zoológico, esperan en la
consulta de un medico, otros viven en el terror. Recuerdo las ruinas de
Chichen-Itzá. El silencio. Las columnas y las piedras alrededor del cenote.
Pero sobre todo el silencio. Llaman a alguien a la oficina por los speakers.
Salgo un poco de mi letargo. Que rápido pasa el tiempo del break. Ya no están
las ruinas ni el silencio y el mar no es ni azul ni es nada, y no suenan las
olas allá en la barranca, ni hacen plaff, nada. Vuelve a tronar la música
terrible en cada radio. Truena y entra y raspa y maltrata. Los ruidos. El
no silencio, el no espacio, el no mar, el no color. Me levanto. Tengo
que seguir, para eso me pagan.
El mar
Para Huidobro el mar
para mí su infinita
terrible belleza
y terrible hijo de
puta
donde he podido
sentir que algo
vale la pena.
Mar de versos ridículos
y de barcos
y de olas también
cabron que guardas
huesos y esperanzas
recuerdos y cuerpos
desnudos, erotizados.
Mar que es frontera
es límite
distancia peligrosa
atrayente.
Que envuelves
a las ciudades
donde he vivido
o sea,
donde me pierdo
siempre.
Oscuro, verde
a veces, rojo
según mi neura
mi estupidez diaria
o tal vez
depende
si estas
y te veo
o te olvido.
Sunday, October 21, 2012
Otra cerveza
Como terminé de arreglar el patio, botar cosas
innecesarias, acumuladas en el tiempo, me siento en la mecedora, destapo la
cerveza y miro alrededor mío. ¡Estoy solo! Lo vuelvo a repetir, ¡estoy
solo!, nadie me pide algo, ninguna niña ha venido a decirme que tiene hambre,
Jonathan, como siempre no para de jugar con el Xbox 360, cortando cabezas,
disparando, corriendo en su guerra personal, y mi mujer no sé donde está.
No escucho la música de los vecinos, ni gritos y hasta la temperatura es
agradable. ¿Sera verdad todo esto? ¿Estaré soñando que sueño? Realmente a veces
pasan estas cosas. Cierro los ojos para disfrutar más el sabor de la bebida.
Que rico. Entonces, como siempre, cuando no es Juana es su hermana, me asalta
el Marquito quejón, el que se pregunta todo, el que de aburrido se aburre a sí
mismo y la cabeza comienza a dar vueltas. Y surgen las preguntas. Me
pregunto si realmente vale la pena tener, escribir, cuidar un blog. Me respondo
que para nada. En lo absoluto. Vale la pena comer carne de puerco, tomar
cervezas heladas, tostones crujientes. Vale la pena un cuerpo desnudo, buscando
y entregando placer. Dormir, ver buen cine. ¿Pero escribir en un blog? ¿Tratar
temas diferentes, buscar una foto, abrirte y decirlo, o sea, perder el tiempo?
No tiene ningún sentido. ¿Que es en realidad lo que tiene sentido? Creo que únicamente
lo que por un instante te importe. Y si lo que en ese instante te importo,
crees que se trasmite a otros, estás perdido. Si te importa algo escríbelo,
déjalo ahí, corrígelo, que quede lo mejor posible. Eso es lo que importa. Todo
lo demás, serán consecuencias. Sera tu tiempo, una de tus personales formas de
comer mierda. Y la cabeza sigue y sigue y yo dale que dale a la mecedora con
los ojos cerrados. Otra cerveza. Este es el tiempo que me gusta. La temperatura
va cambiando y es agradable estar afuera, sin el aire acondicionado, sin
hacer nada. La vida, de todas formas, vale la pena de ser vivida. Otra cerveza.
Elefantes
Uno de los recuerdos más vividos que me
quedan de los paseos al Zoológico de La Habana, es el de la elefante que vivía sola en un
terreno rodeado de un muro de piedras. Recuerdo cómo se balanceaba en una
especie de danza triste y la cadena que aprisionaba una de sus patas traseras.
No puedo asegurar qué ponía en su trompa
cuando ella la sacaba por encima del muro, esperando algo que con miedo y
asombro yo le daba, recibiendo el aire caliente y húmedo que salía por su
enorme nariz. Pienso en la soledad de aquel pobre animal tan imponente y a la
vez aparentemente dulce, porque el conocimiento muchas veces viene acompañado
de penas. Los elefantes pueden llegar a los 70 años de vida, y viven en
manadas. Sobre todo las hembras, que se encargan entre todas del cuidado de los
recién nacidos y los más pequeños. La gestación es de un año y solo tienen una
cría a la vez. Las hembras pasan toda su vida regidas por estrictas normas
familiares. Los machos no. Estos son echados del grupo en cuanto son jóvenes
adultos, y comienzan con los irrefrenables instintos sexuales. Entonces empieza
para ellos la peregrinación en solitario. En algunos casos se juntan con otros
en la misma situación y forman "pandillas" que atacan a otras manadas
en busca de hembras en celo y hacen daño
sin sentido alguno. Esto también crea terrible peleas que a veces resultan en
graves heridas y hasta en la muerte. Poseen una memoria muy sofisticada, a tal
grado que pueden recordar un lugar por el que pasaron veinte años atrás y a más
de doscientos miembros, aunque ya no vivan en la manada. Las madres, tías y
abuelas son amorosas con sus crías, dándoles caricias, comunicándose por
sonidos, juegos y roces. Tienen una extraña sensibilidad ante la muerte. Cuando
muere uno del grupo, tratan de levantarlo entre varios y cuidan de su cuerpo
por días enteros, defendiéndolo de los ataques de los carroñeros. En algunas
ocasiones, "sepultan" el cuerpo, cubriéndolo de hojarasca, palos y
tierra. Se han observado cómo algunas madres tratan de acarrear al bebé muerto, mientras la manada espera y la
acompaña. Cuando se encuentran con huesos de sus congéneres, los acarician con
las trompas, los mueven de lugar, haciendo sonidos y rodeándolos en una especie
de ritual. Su mayor peligro, aparte de
la sequía, es el hombre, que los caza para convertirlos en objetos de adornos,
muy valorados en el mercado. Existen dos tipos de elefantes: el africano, con
las orejas más grandes y colmillos en ambos sexos, y el
asiático, de orejas menores y colmillos solo en los machos. Por todo esto,
después de tanto tiempo, no puedo dejar de pensar en la solitaria elefante del
zoológico habanero, encadenada a la espera de que alguien le ponga algo en su
trompa, por años y años, danzando triste, rodeada de un muro de piedras.
Saturday, October 20, 2012
Newsweek digital
La revista Newsweek va a cerrar su edición
de papel para este fin de año y quedara solo la versión digital. Otro
icono que desaparece. La vida se acelera cada vez más. No hay de otra. Esta es
la que nos toco vivir. Leí en un blog que acostumbro seguir, hablando sobre
este mismo tema, que las paredes de las cuevas y las piedras quedaron vacías
cuando se invento el pergamino. Así es. Qué bueno. ¡Que revolución trajo la
imprenta! Imaginemos por un minuto, llorar por el cincel y el martillo o por un
pedazo de carbón para poder expresar lo que queremos. El progreso es adelanto y
es perdida. Todavía existen los libros de papel. Hay que aprovechar hoy la
insondable maravilla de regresar a un libro leído hace ya muchos años y tomarlo
con las manos, hojearlo, olerlo. Pero todo pasa y eso será en un futuro cosa
del recuerdo. Me parece bien. No soy de los que critican todo lo nuevo para
mantener una cadena con candados en el pasado. Disfruto muchísimo poder
leer La Ilíada en mi tableta electrónica. Me maravilla la pequeñísima acción de
mi dedo sobre la pantalla al encontrarme con la página que deje ayer.
Esta revolución electrónica no va a desmerecer nada que se haga bien. Siempre
se han editado bodrios de la literatura y no por eso el papel fue peor que el
papiro. Si ahora mismo estoy escribiendo esto es por algo que hace, no sé, 10
años atrás o menos no podía ni soñar. Con mi propio teléfono escribo, busco información;
algo impensado en la época del beeper, ese aparatico de museo que tanto ayudo.
Mis nietas no conocen un teléfono público, aquellas cajas en las calles que
formaban el paisaje de toda ciudad. Su paisaje es otro. Así es el progreso, ir
hacia adelante y dejar como cosas inservibles o caducas lo que fue reemplazado.
Newsweek se queda solo con la edición digital, bien. Los del dinero sabrán. Yo seguiré
pasando páginas con el dedo sobre la pantalla y alguna que otra vez
desempolvare los libros a los que regreso, con ese sentimiento único,
indescriptible.
Escuela al campo
De pronto me encuentro en Facebook una
foto de cuatro muchachos en la escuela al campo, caminando por lo que
parece ser una guardarraya de un campo cubano. Aunque están de espalda,
el mensaje de la fotografía (bonita, realmente) es certero. Hay una camaradería,
una felicidad joven y pujante en esos muchachos que caminan. Hasta ahí todo
bien. De cualquier forma, una foto es una foto, es una foto. Pero, y de eso es
lo que quiero hablar, leí varios comentarios, sin nombrar los cientos de like's
que tenia. Me asombro mucho que todos los que comentaban, hombres y mujeres que
calculando el tiempo deben de tener cerca de 50 años o más, escribían apologías
a esa época. Hablaban de las enseñanzas que nos trajeron esas
experiencias y algunos hasta aseguraban que sin haber pasado por esa
maravillosa etapa no hubiéramos sido lo que somos ahora. No sé muy bien
lo que ellos son, pero tengo otra idea al respecto. Me asombra ver
como los humanos olvidamos y transformamos las ideas según el tiempo presente.
Pienso que haber pasado por aquello, que obligaba, nos volvía una maza sin
ideas, desplegando consignas ridículas, enervando el sentido de la tribu, no
tuvo nada de lo que esas personas decían. Yo hubiera querido nacer en
Liverpool, por ejemplo, y que el entorno donde me hubiera criado no estuviera
regido por dogmas impuestos. Que hubiera sido una decisión mía usar o apartarme
de las drogas. Que nadie impusiera o prohibiera mi pelo largo o corto. Gritar y
lanzar piedras contra la policía si eso era necesario. Vivir en una
sociedad donde puedes hundirte si así lo decides. Donde soñar con un país
diferente no fuera más que unas vacaciones planificadas. Crecer rodeado de la época
real que me toco, no un escenario creado y falso. No creo que la escuela al
campo fuera de gran ayuda. Mas
ayuda fueron The Beatles and The Rolling Stones.
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