Saturday, October 27, 2012

Pantalla eclectica



Cuando veo una película donde el tema principal es la lucha del bien contra el mal, casi siempre los personajes macabros, con inteligencia para la maldad y la ironía, son los que más me gustan. Me aburren hasta el cansancio esos héroes que pasan toda su vida brincando, peleando y persiguiendo a la malignidad en nombre de la humanidad. No soporto a Batman, con su traje perfecto y esa ecuanimidad a prueba de golpes. Yo prefiero a Jocker, inteligente, cínico, cobarde, irónico. Siempre dispuesto al mal. Si Batman no me gusta, menos soporto a Robin, con su indumentaria de colores, que a mí me produce risa. Vuela raudo Superman a defender una ciudad entera que está en peligro de desaparecer. Que aburrido. Prefiero a su archienemigo que quiere joderlo siempre. Spiderman: no sé ni que pensar de él. Todos los que lo atacan son más trágicos, menos llorones. Dice mi mujer que como puedo tolerar ese tipo de películas, después de ver 8 1/2 o Desierto rojo, o Volver, de Almodóvar. Así es, si estoy pasando de canal en canal y están poniendo Kill Bill, no importa las veces que la vi antes, la vuelvo a ver. Nataly, en una de esas noches donde me quedo hasta tarde, dueño del control remoto, viene y en un susurro me dice: Apo, ¿vamos a ver una película mala? Y arropados con la manta del sofá, buscamos la más sanguinaria, la de pasillos interminables, la que la música  te congela  y una mano con un puñal siempre al acecho, te está esperando;  para juntos abrazarnos de miedo y risas. Rosy huye despavorida para no ver nada y tengo que pagarle soportando  con ella la colección interminable de Barbies, con sus caballitos, sus vestidos y esas vocecitas azucaradas que son su locura, o I Carly, con los muchachos gritando todo el tiempo. Pero la más cruel de todas es Gianna, que me espera cuando llego del trabajo para que vea con ella los programas de Caillou, Doc McStuffins y mil cartoons más. Creo que mis gustos eclécticos por la pantalla tienen  profundas raíces de paciencia. Paciencia y  cariño.


Break time



Hoy no tengo el periódico. Me siento y miro hacia delante y descubro cosas que siempre estuvieron allí. Feísmo, leí una vez. El afiche de la mulata vestida de pirata: pick up a pirate! dice, mientras ella me mira empuñando una botella y con sus labios creo que me dice: de este vino no beberás  y lo repite: de este vino no beberás. El almanaque agarrado con scotch tape. Esa rubia también me mira. Empina las tetas y aguanta la respiración. Mira, me dice. Miro. Veo todo. Imagino todo. Esta acostada en la arena. El mar es azul. Mira, repite. El mar es azul y es dorado. Se va moviendo. Las olas llegan y no la tocan. Mira, susurra. ¡Oh, el mar!  pienso.  Las olas tienen un sonido,  prrrrfchplaff.... escucho atento, plaff. Alrededor mío el polvo, los utensilios para mi trabajo, la toronja picada, el sobrecito con azúcar de dieta. Esta no da cáncer, los otros sí. Yogurt de blueberry. Que mierda. El text message, reviso Facebook, nada veo que no sea la incomunicación habitual y la misma bobería. Pienso que en alguna parte alguien no está bien, que otros ríen y otros entran al Zoológico, esperan en la  consulta de un medico, otros viven en el terror. Recuerdo las ruinas de Chichen-Itzá. El silencio. Las columnas y las piedras alrededor del cenote. Pero sobre todo el silencio. Llaman a alguien a la oficina por los speakers. Salgo un poco de mi letargo. Que rápido pasa el tiempo del break. Ya no están las ruinas ni el silencio y el mar no es ni azul ni es nada, y no suenan las olas allá en la barranca, ni hacen plaff, nada.  Vuelve a tronar la música terrible en cada radio.  Truena y entra y raspa y maltrata. Los ruidos. El no silencio, el no espacio, el no mar, el no color. Me levanto.  Tengo que seguir, para eso me pagan.


El mar



Para Huidobro el mar
para mí su infinita
terrible belleza
y terrible hijo de puta
donde he podido
sentir que algo
vale la pena.
Mar de versos ridículos
y de barcos
y de olas también
cabron que guardas
huesos y esperanzas
recuerdos y cuerpos
desnudos, erotizados.
Mar que es frontera
es límite
distancia peligrosa
atrayente.
Que envuelves
a las ciudades
donde he vivido
o sea,
donde me pierdo
siempre.
Oscuro, verde
a veces, rojo
según mi neura
mi estupidez diaria
o tal vez
depende
si estas
y te veo
o te olvido.


Sunday, October 21, 2012

Otra cerveza



Como terminé  de arreglar el patio, botar cosas innecesarias, acumuladas en el tiempo, me siento en la mecedora, destapo la cerveza y miro alrededor mío. ¡Estoy solo!  Lo vuelvo a repetir, ¡estoy solo!, nadie me pide algo, ninguna niña ha venido a decirme que tiene hambre, Jonathan, como siempre no para de jugar con el Xbox 360, cortando cabezas, disparando, corriendo en su guerra personal,  y mi mujer no sé donde está. No escucho la música de los vecinos, ni gritos y hasta la temperatura es agradable. ¿Sera verdad todo esto? ¿Estaré soñando que sueño? Realmente a veces pasan estas cosas. Cierro los ojos para disfrutar más el sabor de la bebida. Que rico. Entonces, como siempre, cuando no es Juana es su hermana, me asalta el Marquito quejón, el que se pregunta todo, el que de aburrido se aburre a sí mismo  y la cabeza comienza a dar vueltas. Y surgen las preguntas. Me pregunto si realmente vale la pena tener, escribir, cuidar un blog. Me respondo que para nada. En lo absoluto. Vale la pena comer carne de puerco, tomar cervezas heladas, tostones crujientes. Vale la pena un cuerpo desnudo, buscando y entregando placer. Dormir, ver buen cine. ¿Pero escribir en un blog? ¿Tratar temas diferentes, buscar una foto, abrirte y decirlo, o sea, perder el tiempo? No tiene ningún sentido. ¿Que es en realidad lo que tiene sentido? Creo que únicamente lo que por un instante te importe. Y si lo que en ese instante te importo, crees que se trasmite a otros, estás perdido. Si te importa algo  escríbelo, déjalo ahí, corrígelo, que quede lo mejor posible. Eso es lo que importa. Todo lo demás, serán consecuencias. Sera tu tiempo, una de tus personales formas de comer mierda. Y la cabeza sigue y sigue y yo dale que dale a la mecedora con los ojos cerrados. Otra cerveza. Este es el tiempo que me gusta. La temperatura va cambiando y es agradable estar afuera, sin el aire acondicionado,  sin hacer nada. La vida, de todas formas, vale la pena de ser vivida. Otra cerveza.



Elefantes



Uno de los recuerdos más vividos que me quedan de los paseos al Zoológico de La Habana,  es el de la elefante que vivía sola en un terreno rodeado de un muro de piedras. Recuerdo cómo se balanceaba en una especie de danza triste y la cadena que aprisionaba una de sus patas traseras. No puedo asegurar qué  ponía en su trompa cuando ella la sacaba por encima del muro, esperando algo que con miedo y asombro yo le daba, recibiendo el aire caliente y húmedo que salía por su enorme nariz. Pienso en la soledad de aquel pobre animal tan imponente y a la vez aparentemente dulce, porque el conocimiento muchas veces viene acompañado de penas. Los elefantes pueden llegar a los 70 años de vida, y viven en manadas. Sobre todo las hembras, que se encargan entre todas del cuidado de los recién nacidos y los más pequeños. La gestación es de un año y solo tienen una cría a la vez. Las hembras pasan toda su vida regidas por estrictas normas familiares. Los machos no. Estos son echados del grupo en cuanto son jóvenes adultos, y comienzan con los irrefrenables instintos sexuales. Entonces empieza para ellos la peregrinación en solitario. En algunos casos se juntan con otros en la misma situación y forman "pandillas" que atacan a otras manadas en busca de hembras en celo y hacen  daño sin sentido alguno. Esto también crea terrible peleas que a veces resultan en graves heridas y hasta en la muerte. Poseen una memoria muy sofisticada, a tal grado que pueden recordar un lugar por el que pasaron veinte años atrás y a más de doscientos miembros, aunque ya no vivan en la manada. Las madres, tías y abuelas son amorosas con sus crías, dándoles caricias, comunicándose por sonidos, juegos y roces. Tienen una extraña sensibilidad ante la muerte. Cuando muere uno del grupo, tratan de levantarlo entre varios y cuidan de su cuerpo por días enteros, defendiéndolo de los ataques de los carroñeros. En algunas ocasiones, "sepultan" el cuerpo, cubriéndolo de hojarasca, palos y tierra. Se han observado cómo algunas madres tratan de acarrear al bebé  muerto, mientras la manada espera y la acompaña. Cuando se encuentran con huesos de sus congéneres, los acarician con las trompas, los mueven de lugar, haciendo sonidos y rodeándolos en una especie de ritual.  Su mayor peligro, aparte de la sequía, es el hombre, que los caza para convertirlos en objetos de adornos, muy valorados en el mercado. Existen dos tipos de elefantes: el africano, con las orejas más grandes y colmillos en ambos sexos, y el asiático, de orejas menores y colmillos solo en los machos. Por todo esto, después de tanto tiempo, no puedo dejar de pensar en la solitaria elefante del zoológico habanero, encadenada a la espera de que alguien le ponga algo en su trompa, por años y años, danzando triste, rodeada de un muro de piedras.


Saturday, October 20, 2012

Newsweek digital



La revista Newsweek va a cerrar su edición de papel para este fin de año y quedara solo  la versión digital. Otro icono que desaparece. La vida se acelera cada vez más. No hay de otra. Esta es la que nos toco vivir. Leí en un blog que acostumbro seguir, hablando sobre este mismo tema, que las paredes de las cuevas y las piedras quedaron vacías cuando se invento el pergamino. Así es. Qué bueno. ¡Que revolución trajo la imprenta! Imaginemos por un minuto, llorar por el cincel y el martillo o por un pedazo de carbón para poder expresar lo que queremos. El progreso es adelanto y es perdida. Todavía existen los libros de papel. Hay que aprovechar hoy la insondable maravilla de regresar a un libro leído hace ya muchos años y tomarlo con las manos, hojearlo, olerlo. Pero todo pasa y eso será en un futuro cosa del recuerdo. Me parece bien. No soy de los que critican todo lo nuevo para mantener una cadena con candados en el pasado. Disfruto muchísimo  poder leer La Ilíada en mi tableta electrónica. Me maravilla la pequeñísima acción de mi  dedo sobre la pantalla al encontrarme con la página que deje ayer. Esta revolución electrónica no va a desmerecer nada que se haga bien. Siempre se han editado bodrios de la literatura y no por eso el papel fue peor que el papiro. Si ahora mismo estoy escribiendo esto es por algo que hace, no sé, 10 años atrás o menos no podía ni soñar. Con mi propio teléfono escribo, busco información; algo impensado en la época del beeper, ese aparatico de museo que tanto ayudo. Mis nietas no conocen un teléfono público, aquellas cajas en las calles que formaban el paisaje de toda ciudad. Su paisaje es otro. Así es el progreso, ir hacia adelante y dejar como cosas inservibles o caducas lo que fue reemplazado. Newsweek se queda solo con la edición digital, bien. Los del dinero sabrán. Yo seguiré pasando páginas con el dedo sobre la pantalla y alguna que otra vez desempolvare los libros a los que regreso, con ese sentimiento único, indescriptible.


Escuela al campo


De pronto me encuentro en Facebook una foto de cuatro muchachos   en la escuela al campo, caminando por lo que parece ser una guardarraya de un campo cubano. Aunque están de  espalda, el mensaje de la fotografía (bonita, realmente) es certero. Hay una camaradería, una felicidad joven y pujante en esos muchachos que caminan. Hasta ahí todo bien. De cualquier forma, una foto es una foto, es una foto. Pero, y de eso es lo que quiero hablar, leí varios comentarios, sin nombrar los cientos de like's que tenia. Me asombro mucho que todos los que comentaban, hombres y mujeres que calculando el tiempo deben de tener cerca de 50 años o más, escribían apologías a esa época. Hablaban de las enseñanzas que nos trajeron  esas experiencias y algunos hasta aseguraban que sin haber pasado por esa maravillosa etapa no hubiéramos sido  lo que somos ahora. No sé muy bien lo que ellos son,  pero  tengo otra idea al respecto. Me asombra ver como los humanos olvidamos y transformamos las ideas según el tiempo presente. Pienso que haber pasado por aquello, que obligaba, nos volvía una maza sin ideas, desplegando consignas ridículas, enervando el sentido de la tribu, no tuvo nada de lo que esas personas decían. Yo hubiera querido nacer en Liverpool, por ejemplo, y que el entorno donde me hubiera criado no estuviera regido por dogmas impuestos. Que hubiera sido una decisión mía usar o apartarme de las drogas. Que nadie impusiera o prohibiera mi pelo largo o corto. Gritar y lanzar piedras contra la policía si eso era necesario.   Vivir en una sociedad donde puedes hundirte si así lo decides. Donde soñar con un país diferente no fuera más que unas vacaciones planificadas. Crecer rodeado de la época real que me toco, no un escenario creado y falso. No creo que la escuela al campo fuera de gran ayuda. Mas ayuda fueron The Beatles and The Rolling Stones.