Sunday, June 2, 2013

Terrores


Soy una persona contradictoria. Me complico con cosas que no valen la pena y les doy dimensiones inverosímiles e innecesarias. Ayer en la tarde, para poner  un ejemplo, escribí algo en Facebook (una tontería irrelevante).  En lo que redacté  estaba la palabra "sirvo". Subí al tren y pude terminar las últimas cinco páginas que me faltaban del libro que estaba leyendo. Me asaltó esa sensación de plenitud, con una mezcla de tristeza,  que me da cuando doy por terminada una historia que  mantenía en vilo mi interés. Llegué a la casa y  cuando iba a dormir, estando ya sobre la cama, me vino la idea de que había escrito la palabra sirvo con b.  Con esa idea y el sueño que me anestesiaba me dormí.  Tuve pesadillas toda la noche. Alguien me obligaba a caminar desnudo por una acera donde paseaban personas que no me miraban, pero sentía que de alguna forma se reían de mi desnudez. La maestra Ana Marcos, temida y querida en la escuela,  me señalaba con una regla amenazadoramente, mientras me obligaba a estar de pie frente a una clase llena de perros y gatos en silencio. Escribía en la pizarra las  palabras  mar mar mar, repetidamente y cuando el renglón terminaba con la pizarra, continuaba  en la pared. Al sonar la alarma del  despertador bajé las escaleras antes del acostumbrado viaje al baño y fui directo a mi celular. Estaba bien escrita la palabra. Sentí alivio. Esa posible falta de ortografía me molestó toda la noche, sacando de mi subconsciente los temores al ridículo y las inseguridades que me acompañan. Parece algo tonto e infantil pero creo que en estas pequeñas angustias están las raíces de los más significativos problemas internos de cada individuo. O sea, son parte de mis terrores.


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