Hubo una vez un hombre que tomo un
barco y cruzo el océano. Desembarco en una ciudad que lo deslumbro desde el
primer instante de pisar su suelo. Ese hombre vino de una isla y llego a
aquella otra isla y el olor a frutas a frijoles negros a negras y el aire lo
hicieron creer que al fin toco puerto en su destino final. Y el hombre camino y
miro y escucho y vio los colores y los pájaros y comió tamales y carne de cerdo
y se dispuso a trabajar que era lo único que sabía hacer. Y tomo en sus manos
un martillo y un serrucho y una pala y un cincel y le dio forma a la
madera y pavimento la tierra y clavo puntillas como aferrándose a ese destino
deslumbrante que le había dado en el rostro. Cambio las alpargatas por zapatos
y tocaba el acordeón cuando la nostalgia lo enfermaba. El hombre conoció a una
mujer que no sabía leer ni escribir y construyo una casa. Con maderas
rescatadas levanto el techo y pinto las paredes de color naranja y armo un
portal como un ajedrez en blanco y negro. La mujer supo parir y pario una hija
y después otra y otra, que crecieron junto a las maderas, las
herramientas y los caracoles que acumulaba en un misterio indescifrable. Y un día
el hombre comenzó a levantar una construcción extraña junto a su casa y surgió
un castillo que cubrió de caracoles, de santos y vírgenes y campanas donde
anidaban los pajaron del verano. Después ese hombre cuidaba su capilla y pedía
arrodillado a sus vírgenes y el barrio entero venia a postrarse humilde y
miserable porque pedir era la única esperanza de los que no tienen
esperanza. Y llegaban las ofrendas, las flores y los tabacos y los pájaros se
iban de los nidos y arribaban otros pájaros y hacían otros nidos. El
barrio cambiaba y las hijas del hombre traían hijos y maridos y el hombre solo
frente a la virgen, recordaba a la mujer que nunca supo escribir su nombre y
dejo aquel espacio imposible. Entonces el tiempo se fue escurriendo traicionero
y pertinaz por entre los muros y surgieron las primeras grietas, a las que
nadie presto atención, porque los dolores cotidianos no dejaban espacio para
caracoles y de las vírgenes se acordaban cuando todos los otros remedios eran
inútiles. El hombre dejo de ser hombre para convertirse en un viejo y la
mente a irse por caminos de otros mares y fue un niño y fue la nada hasta que
un día durmió debajo de la tierra que lo deslumbro y nunca más dejo.
Entonces de el quedo aquella capilla cubierta de caracoles que se desprendían
y caían al suelo precipitándose a un fin inminente y solitario. Y las hijas y
los hijos de las hijas y los maridos de las hijas fueron desparramándose por
lugares de este mundo y la capilla solitaria se fue resquebrajando, se fue
muriendo como un gigante herido y solo, con nidos viejos y vacios. Y
cuentan los que todavía pasan por allí, que algunas paredes aun resisten el
embate del tiempo y la desidia de los que no les importa nada. Dicen que las vírgenes
desaparecieron y que el barrio olvido que hubo un tiempo que les pedían a ellas
en sus ultimas esperanzas y sus miserias. Dicen también que
junto a las paredes que aún quedan construyen casas donde se hacinan gente
desconocida y sin memorias. Eso es lo que todavía queda de aquel hombre que un día
cruzo el océano. Del que dejó su isla y llegó a otra.
Sunday, November 25, 2012
Sin agua
En Jerusalén, el Santo Sepulcro padece
de sequia. La compañía Hagihon, que administra el agua de la ciudad, presento a
los responsables de la iglesia una deuda de casi tres millones de euros, por el
consumo de los últimos 15 años. Ahora los greco-ortodoxos le prohibieron el
acceso a los representantes de la compañía del agua y amenazan con cerrar el
sepulcro, que es visitado por tres mil personas diarias y en Semana Santa por más
de 20.000 fieles. Así están las cosas, además de todos los otros problemas entre
la Franja de Gaza y Palestina. Resulta que el lugar donde murió supuestamente
el hombre más importante de todos los tiempos, no tiene agua para descargar toilettes
y urinarios. Porque no pagan. Los cristianos del mundo podrían ver las puertas
de tan importante iglesia cerrada con un cartel que diga: cerrada por no pagar
el agua. Todo cuesta y todo se paga. La fe se paga. La historia se paga. El
morbo se paga. Y si la caca se acumula, no hay iglesia ni fe que la aguante.
Pero para todo hay una solución. De alguna manera se resolverá. Volverá a
correr el líquido por las tuberías y la fe, otra vez ganara la partida. Y así seguirá
todo. Y las bombas seguirán, y los disparos seguirán y los muertos seguirán.
Pero tengamos fe. Que corra por las venas, como el añorado líquido. Pero antes, paguemos, por favor,
¿si?
Thursday, November 22, 2012
El barrio: Antonio Boy
Antonio Boy era el jefe del Comité de
mi cuadra. Un viejo terrible, que a todos los muchachos nos causaba fastidios
constantemente. Vivía en la casa de la esquina rodeada de arboles y
hierbas por todos lados. Tenía dos nietas muy lindas, intocables para nosotros.
Era un viejo esclerótico y revolucionario, siempre vigilando, metiéndose en
donde nunca lo llamaban. Caminaba encorvado hacia delante, molesto, como
si toda la cuadra viviera las 24 horas cometiendo errores. Daba órdenes
gesticulando como si fuera el mismo Fidel Castro. Cuando llegaron los
trabajadores que iban a pavimentar nuestra calle, con bulldozers, camiones, un
cilindro amarillo y otros instrumentos, fue una fiesta para nosotros. De
pronto, la calle comenzó a transformarse en lomas de tierra y gravillas que los
camiones dejaban en cualquier parte. Aquellos hombres desconocidos abrían
huecos, gritaban y el polvo llenaba las casas de una capa blanca, imposible de
eliminar. Y el viejo Antonio Boy a gritarnos a todos, dando órdenes inútiles,
peleando hasta con los obreros. Un día sin explicación alguna no volvieron más.
Mi calle parecía un animal enfermo, desahuciado. Recuerdo el silencio
encima de las lomas de tierra que eran las delicias de todos
nosotros. Envuelta en polvo y fango quedo como un insecto gigante, solitaria y
abandonada, la bulldozer amarilla. La primera sensación que sentí cuando tímidamente
me subí a las inmensas esteras de hierro que formaban las ruedas es casi la
misma cuando después de tanto tiempo me he acercado a alguna de esas
maquinarias. Antonio Boy se convirtió en el celador de la maquina. Desde su
casa nos vigilaba y venia gritando y levantando los brazos amenazadoramente. Corríamos
todos riendo y gritándole ¡Antonio Bollo, Antonio Bollo chivatón!, hasta que lo
perdíamos de vista. Un día no fui a la escuela, no recuerdo si estaba enfermo u
otra cosa. Lo cierto es que la bulldozer fue solo para mí. Movía todas las
palancas, haciendo ruidos con la boca imaginándome en acción, cuando sentí una
mano que agarraba mi tobillo. Creí que me paralizaba cuando vi al viejo Boy. No
corras, ven acá, me ordeno. Fui con él hasta su casa. Me pidió que me sentara
en el portal y entro. No sentía miedo, solo curiosidad. Regreso con una caja de
cartón y me mostro viejas fotos de él en un ring de boxeo. Fui campeón en esa época,
me dijo. Ganaba por knock-out. Tenía el puño de hierro. Cerró el puño y
temblando, me tiro suavemente un gancho al mentón. Yo reí. Subí al ring con Kit
Gavilán, que me gano por puntos, me conto como si soñara. Cuando tú seas
un hombre, dijo con un hilo de voz, con esa estatura que tienes vas a derribar
al primer cabron que se te meta por delante. Sonrió. Yo también sonreí.
Recuerdo aquel día como si fuera hoy. Sus palabras parecían
que venían de lejos, limpias de la amargura que siempre usaba
con nosotros. Mostraba unos dientes amarillos y grandes con manchas de color
chocolate. Después me dio dos ciruelas de la mata del patio y un mango
filipino. Todos lo odiaban en el barrio. Siguió gritándonos y persiguiéndonos
hasta que nos fuimos haciendo mayores y lo olvidamos. Nunca he preguntado
por el a nadie. Creo que por muchos años no había pensado en Antonio. Hoy lo
recuerdo y siento de alguna manera aquella tarde, el olor a humedad que emanaba
de la caja de donde cuidadosamente extraía las fotos amarillentas y
sepias. En este instante rememoro aquellos deseos de ser
constructor y boxeador. Después, todo se pierde o se esconde en una nebulosa
del tiempo y de otros recuerdos. Hoy en mi memoria es Antonio Boy,
el chivato revolucionario, el viejo loco, mandón y boxeador que aquella tarde
me mostro las fotos más importantes de toda su vida.
Guyana 1978
El 18 de Noviembre de 1978, en Guyana,
se suicidaron tomando Koolaid con cianuro de potasio 918 personas, de las
cuales, casi 300 eran niños. Jim Jones, su guía espiritual, los congrego en ese
lugar que bautizo con el nombre de Jonestown, para apartarse de la sociedad y
vivir en unión con el espíritu, las drogas, la agricultura y la dictadura que
el fomentaba con la mayoría de enajenados mentales que lo seguían. Digo la mayoría,
porque hubo un pequeño grupo que se desligo de él y denuncio los abusos
cometidos. Lo demás es historia. Cuando eso sucedió yo tenía 17 años y aunque
era una edad en la que muy pocas cosas te conmocionan
verdaderamente, recuerdo nítidamente las noticias y los comentarios de
amigos y familiares. Me resulta muy difícil, tratar de comprender el tipo
de mentalidad que se deja influenciar de una manera tan enloquecida por un
hombre. Yo me aparto de las hordas. Cuando veo esas iglesias, por
ejemplo, con cientos de personas creyendo ser tocadas por el Espíritu Santo,
enajenadas, desmayándose al simple roce de la mano del pastor de turno, además
de verlo como un espectáculo circense de mal gusto, me pregunto si son
tan ignorantes que no se dan cuenta de la farsa. No, por supuesto que no se dan
cuenta. Y como apoyando la idea se suman a sus filas personas con una educación
elevada. Siempre parto de la primicia de que cada cual debe hacer lo que le
venga en gana. Pero (y es solo mi opinión personal) esas personas capaces
de dejarse embaucar por esos llamados líderes espirituales, podrán tener la educación
mas calificada y aun así no son más que educados ignorantes. Si
realmente alguien tiene la fe, el amor por Dios, y cree en su palabra, o
sea, en La Biblia, (que fue escrita por otros hombres), y siente que el
todo lo puede y está presente, etc, etc y todas esas cosas que esgrimen los
creyentes, el solo hecho de seguir a esos que se autoproclaman
venir en el nombre del Señor, ya es una falacia. Seguir a un hombre seria ir
contra los mandatos de Dios. Ese es el primer error del religioso. La religión
es una mentira muy bien estructurada para mantener a los hombres con miedo. Un
hombre temeroso nunca es un hombre libre. Y todas las religiones se basan en el
temor, el castigo, y la fe. Fe es una palabra complicada. La asocio a la ignorancia.
Yo también soy un ignorante, pero sin fe. No me gusta que me digan que para
aceptar algo o entenderlo tengo que tener fe. Yo prefiero tener conocimiento.
La fe es muy ambigua. 34 años atrás, Jim Jones llevo a la muerte (juntos
con él) a ese grupo de personas. Realmente no se puede asegurar como fue
el momento de ingerir aquella bebida fatal. ¿Que pasaría por las cabezas de
aquellos padres ofreciéndoles a sus hijos "la refrescante bebida",
por la que todos dejaron sus juegos y corrieron hacia ellos? ¿Que poder puede
guiar una mente enferma? ¿Que enfermo se puede dejar guiar por esa mente?
¿Donde estará el límite entre la inteligencia y la imbecilidad?
Sunday, November 18, 2012
Esperando el tren
A veces
sin razón alguna
me asalta la nostalgia
y la aparto
es enfermizo tener
lastima de mí.
Ya llego el tiempo
de mirar sonriendo
sentarse tranquilo
y ahora que anuncian
por los altavoces
que el tren se demora
esperar.
Puedo mirar a la muchacha
que no para de hablar
por teléfono
o recordar las palabras
que grite anoche
imagino que salieron
huyendo de mí
y están escondidas
debajo de mi mujer.
Pero no voy a dejar que
nada me interrumpa
ni siquiera la nostalgia.
No quisiera parecerme
a mi madre
y veo tanta
sutil similitud
que me espanto.
No sé hablar
de algo si no esta
ligado a mi
realmente no se hablar de nada
lo ideal seria el silencio
pero insisto
aunque no se bien porque.
El tren sigue por otras vías
y a la muchacha se le agoto
la batería
no hace silencio
solo se agoto
espera ella también.
Anoche releí un libro
de poemas que ya
era viejo.
Aquellos poemas
que tanto revuelo
nos causaron cuando
éramos tan jóvenes
hoy son palabras molidas
masticadas palabras.
Pasa a veces.
El tiempo
Si se tuviera una pequeñísima noción
del tiempo de vida que nos va a tocar vivir, otro gallo cantaría. Porque cuando
se nace, la distancia entre la vida y el fin de esta es abismal, no existe. Y después,
cuando comenzamos a crecer, son tantos los acontecimientos, son tantas las
esperanzas y las trampas que la idea del fin no va acorde al empuje de la vida.
De esa forma o por eso, se malgasta. Aunque yo pienso que esta palabra es
relativa. Malgastar en algo, puede tener muchas interpretaciones. Lo que para mi
puede generar un placer infinito, para otro seria un suplicio. Llévenme, por
ejemplo al flamante stadium de los Marlins a ver un juego. No importa contra
cual equipo. Sería una tortura. Me sentiría como un alienígena entre esa
muchedumbre que grita hasta perder las cuerdas vocales. Para muchos de esos que
están viendo el juego me tomarían como un perdedor, si me ven leyendo La
inmortalidad de Kundera, por ejemplo. Así es en todo. Pero si es
verdad, que a pesar de las diferencias, existen cosas generales por las que
perdemos nuestro tiempo y que son irrecuperables. Con la familia es una
de ellas. ¿Cuanto tiempo malgastamos cuando se hiere, se discute, con las
personas que uno ama? Como se pierde el tiempo cuando ponemos distancia. Porque
la peor distancia es la que está a centímetros de ti. Continuamos un día detrás
del otro posponiendo a veces lo que es verdaderamente genuino por cosas
perecederas, sin raíces y sin una verdadera importancia. El tiempo, como casi
todo, es relativo. Si pudiéramos usar el nuestro solo en lo que queremos
realmente, todo seria más llevadero. Pero se interponen siempre cosas que hacen
los momentos más complejos y difíciles. De todas formas, esto es lo que hay, o
lo tomas o lo dejas, tú decides con el tuyo.
Saturday, November 17, 2012
Lunes en la Ermita
Aunque hoy es lunes, no voy a
trabajar. Tengo una cita en una oficina y eso me molesta. Odio esas cosas de
papeles, datos, preguntas. Me levanto más temprano que los demás y bajo las
escaleras a prepararme un café. Hace 24 horas estaba vomitando y con un dolor
de cabeza que me mareaba, producto de la resaca de la noche anterior, los dos
litros de vino que ingerí y el asado delicioso que hicimos en el patio. Valió
la pena. Mariana y yo cantamos a todo volumen las canciones de siempre, para
fastidio de los vecinos. He revisado Facebook. Encontré a mi hermana de
casualidad. Ya no recuerdo por medio de quién. Mi hermana vive a unas cuadras
de mi casa, pero estamos lejos. Bueno, la pedí como amiga y me aceptó. Me
alegra, realmente. También me alegra que una vez más, yo diera el paso para el
abrazo. Y la abrazo. La vida pasa tan rápido y siempre estamos pendientes de
tantas tonterías. Creo que me estoy poniendo viejo a una velocidad vertiginosa.
También siento que ya no me preocupa mucho eso. Solo me sigue preocupando
la gente que amo. Serrat y Sabina vienen a otro concierto aquí en Miami. Sabina
no me interesa para nada. Tiene algunas canciones regulares. Nada más. Es, para
mí, un poco oportunista en sus canciones. No sé, siento que utiliza una poesía
progre para el grupo. Cosa que es válida, todo es válido. Además, que haga lo
que le dé la gana, que muy bien que gana con eso. Serrat. ¡Ah, Serrat! Creo que
si alguna vez me enamoré de un hombre fue de él. Era tan joven en aquel
entonces. Escuchar sus canciones ha sido para mí uno de los placeres que me han
acompañado durante toda mi vida. Ahora es un viejo ridículo, que no canta, que
baila en el escenario y cosas así. He escuchado algunas canciones de sus últimas y me dan pena. La dupla con Sabina es de lo peor. Pero
de todas formas, queda su poesía cantada, maravillosa, sus gestos, su
pelo largo, aquella juventud que me hacia soñar mientras me sentía
apresado en la isla y el deseo de vivir otra cosa. Después viví esa otra cosa, y
no pasó nada. Ahora también soy un viejo horrible, obeso, lleno de líos en
su cabeza, que son los peores, y una madurez que no me sirve para nada. También
me quedan mis escritos, mi mujer, que es el tronco de todo, el sostén de esta
carga y mis nietas, tres niñas maravillosas que acaban con mi vida y me suman
cosas especiales y terribles. Ahora mientras escribía me llamó Nani, dice que "está enfermita un poquito". Yo también estoy un poquito enfermito, le dije. Dice
que hoy no me van a inyectar. Qué bueno, porque voy a llorar, le conteste.
Ok, Apo, te voy a comprar un toys en Target, ok?, me dice como consuelo
y cuelga. ¿Ven? Esas son las cosas. Ni la literatura, ni la pintura, ni el cine
ni la música, nada es comparable, nada. Nataly bajó con su cara de
dormida y viene y sin preocuparse porque estoy escribiendo, se me echa
encima y huelo su pelo, el olor de su cama, su aliento y busca que la
acaricie y lo hago y es tan lindo sentirla y tocarla. Rosy llega casi
bailando, Rosy baila, baila y todo es tormentoso a su alrededor, y me pide leche
con chocolate, y le preparo un biberón, grandota como está; y mientras tanto el entorno no es igual cuando ella pasa, arrasa, derriba, destruye y
construye al mismo tiempo, siendo la tormenta y la nube, pero también la lluvia
y la beso y le pido que se porte bien y me contesta: ok Apito, y se va, olvidándome
inmediatamente. Más tarde vamos a La Ermita. Me siento con ellas y miro el
mural, observo. Encuentro detalles, personajes, también soy un poco ese
mural, y ahora que no creo en nada, le doy gracias a la Virgen y le
pido por todas las mujeres que amo, que son más que hombres y susurro
bajito para no alterar el espectáculo de sentirme mínimo y frágil. Después
el mar. El espectáculo mayor. El mar cercándonos, acunándonos, recordándonos el
tiempo, el pasado, el que está hoy.
Conversando con el viejo.
Veamos, porque este tema es un poco
escabroso para mí. Además no tengo mucha base para hablar, porque, ya lo he
dicho antes, de política no se nada. Pero bueno, soy un ciudadano más o
menos como los demás, más o menos bien o erróneamente informado, como la mayoría
y leo el periódico y veo alguna que otra noticia. Además, opino porque me da la
gana de opinar. Al grano, la ONU (Organización de Naciones Unidas). Se
supone que son un grupo de países unidos por el deseo de cooperación. Y además
que se vota para dar fuerza a la opinión generalizada. ¿Hasta ahí voy bien?
Entonces, para hablar de la votación sobre el embargo a Cuba: de 193 países,
188 votaron a favor de levantar ese embargo que EEUU tiene sobre Cuba hace ya más
de 50 años, Estados Unidos, Israel y Palau, votaron a favor y las islas
Marshall y Micronesia se abstuvieron. Un paréntesis aquí: ¿donde coño están Palau y las
islas esas? Porque Israel, eso es sabido, va a estar de acuerdo con lo
que diga EU, es lógico, casi lo entiendo, le paso la mano por los hombros y le
digo: claro, chico, ¿cómo te vas a poner en contra de la gallina de los huevos
de oro? Si no haces eso, te fulminan, te eliminan del mapa todos tus vecinos
que te miran por mirillas de misiles y ametralladoras. Israel, a ti un poco te
entiendo, ok?, tranquilo. Y a los otros tres, ni les digo nada, porque no sé
nada de ellos, ahí los dejo quietecitos también. Entonces me dirijo a EU.
Ahora dime, primero que todo, ¿para qué sirve la ONU? Si todos votan en algo
que tu no estás de acuerdo y te cagas en la noticia, entonces ¿para qué
sirve? ¿Quien es el que manda? ¿Solo tú eres el que manda? Es claro eso,
¿verdad? Y te digo más, viejo: yo vivo en tu suelo y te confieso que no viviría
en un lugar diferente. Te digo también que creo en muchas cosas buenas, buenísimas
que tienes, pero sé que a veces te equivocas, me parece que no ves más allá y
te estancas en un pasado que ya no tiene remedio. Dime, ¿de qué ha servido ese
famoso bloqueo? Tú lo sabes, porque comemierda no eres. No ha
servido para nada. Si, para algo si: para que los Castro se justifiquen
de la miseria, del hambre de la vida horrible que viven los cubanos. Dime aquí,
bajito, ¿para qué mas ha servido? Los Castro siguen ahí, el país sigue ahí,
herido de hambre y miseria y ya son más de 50 años, viejo, no te parece? Si
Cuba quiere comprar tus maquinarias, las compra, tú lo sabes, tú sabes
del traqueteo, el business que existe en todos lados, porque tú de bobo
no tienes nada. ¿Entonces qué? ¿Que Cuba no paga? Ok, tú le vendes a quien
compra. Tú pones el orden. Si Cuba te quiere comprar, véndele y ya. ¿Que no
tiene créditos internacionales? Está bien, en tu casa mandas tu: Cuba, aquí
tienes todo lo que yo vendo, money por delante y te lo llevas, yo no fio, a ti
no te fio porque tú eres un ladrón que no paga. ¿Viste viejo? Así se habla. ¿Y
sabes donde tendrían que meterse la lengua los Castro y toda la retahíla de
izquierdistas miserables que los aúpan? Bueno, tú sabes donde se la meterían.
Pero te digo la verdad, no jodas más. No me vengas con el sermón de los
derechos humanos, que tu eres amiguito de muchos que de derechos no tienen ni
las espaldas. ¡Y mira que negocias con ellos!!! Entonces ¿cual es el problema
con esa islita de mierda que es Cuba? Quítate ese lio antiguo. Manda pal carajo
a todos los politiqueros cubanos que son unos descarados y haz lo que
tienes que hacer. Esa sería la mejor manera de terminar con aquel
gobierno horrible. Empuja más una lavadora eléctrica, el A/C, un carro, un
televisor de pantalla plana y un par de zapatos que toda la monserga de
honor tardío y tonto que es lo que esgrimen los cubanos ultra de Miami.
Dime, ¿no piensas que lo que te digo es la verdad? Piensa, padre, te lo
dice un cubano del montón, que vive en tu suelo hace ya una pila de años.
Saturday, November 10, 2012
A Zoe se le fue el metro.
Hace poco, leí en el blog de Zoe Valdés,
nuestra escritora insigne, un post sobre la muerte del pintor cubano Ramón
Unzueta, que murió en Islas Canarias y era gran amigo de ella. Me gusto
mucho. Se sentía real el dolor ante la pérdida de un amigo de casi toda
la vida. No tenía nada que ver con su escritura tan llena de olores de la
vulgaridad más tremebunda, que es lo que acostumbra describir en sus libros,
para mi opinión, inmetibles, para tratar de usar una palabra de su léxico. Lo
mejor en estos casos es no decir nada, ignorar a quien no te gusta y todo
tranquilo, cada cual con su tragedia. Pero hay cosas que resultan demasiado.
Hoy me encuentro con algo que escribió, en un espacio llamado "Zoe
en el metro", con el título de "Gano el populachero".
Según ella, los latinos y cubanos que votamos por Obama, somos unos
vendidos al comunismo, que queremos para nuestros hijos el islamismo, o sea, el
obamismo (según ella ). Sigue con una retahíla de palabras de Zoe o sea soeces,
que no sé si me dieron ganas de reír o de orinar y opte por escribir esto, que
es casi la misma cosa. Resulta que ella también se hace eco de las tonterías
dichas aquí en Miami de que el presidente es amigo de Mariela Castro, de Chávez
y de no sé que otro personaje más de la farándula latinoamericana de
izquierdas. ¿No será que Obama le pide consejos a Evo Morales para tratar de
recuperar la economía de Estados Unidos? Podríamos analizar este punto basándonos
en el post de la escritora. Cada cual puede escribir y decir lo que le viene en
ganas, pero yo creo que una persona medianamente inteligente, debía
pensar en lo que dice dos segundos antes de dejar que otros la lean. Otra
de las soasadas escritas en el artículo dice que Ronmey vivió dos años en
Francia y era muy elegante, algo que se ha perdido en las pasarelas de modas. Aquí
hice un paréntesis y fui al baño. Bueno, ¿es algo relevante que Ronmey haya
vivido dos años en el país galo para que lo hagan más capacitado que el que no vivió
allí? Además, ¿de qué elegancia habla Zoe Valdés? Imagino que no tenga nada que
ver con el vestuario que acostumbra mostrarnos, estilo Baker-Kalho-Monroe,
plumas incluidas. Creo que a Zoe se le fue el metro. La imagino parada en la estación
de Saint-Lazare, mirando a su alrededor, aburrida, imaginando cual será su próximo
escrito, imaginando el aplauso de los intelectuales y demás seguidores, arreglándose
en el pecho el cartel de Escritora Insigne de la Cuba Libre.
Conflicto
Estoy trabajando tranquilamente,
pensando en todas las cosas desagradables que tengo pendientes. Papeles que
buscar, cita en una oficina del downtown, el hueco eterno del baño para
reparar, el filtro del aire acondicionado, lavar los carros... uff. Cerca
de mí, escondiéndose de las cámaras de seguridad, esta un hombre joven
hablando por teléfono. No puedo dejar de escuchar su conversación. Es
negro y habla en ingles. Discute con una mujer. Algo me asombra y es que no
escucho las palabras habituales, las lacerantes, las que golpean duro.
Discute con la mujer y no se ofenden, algo que sería lo más común.
Blancos y negros argumentando con la mujer o la ex-mujer son sinónimos de
gritos, ofensas, recriminaciones. Estos pelean por dinero. Lo más común. Escucho
lo que él dice y por sus respuestas imagino lo que ella le plantea. El
conflicto humano. El más popular. La incompatibilidad. La discordia. El rencor
que arde. ¿Cuando fue que comenzó esta pelea? ¿Recuerdan los besos, el
deseo irreprimible, las ganas de estar juntos? ¿Recuerdan el primer día que
estuvieron desnudos, los dedos buscándose, húmedos, temblorosos? ¿Ya se olvido
la risa, la complicidad, la ternura que brota y acaricia? ¿Cuando es que
todo eso se transforma? ¿Cuando las manos dejaron de explorar el cuerpo tan
conocido? ¿Como fue que la primera palabra surgió y dolió? ¿Fue algo tan simple
como que las glándulas que producen feromonas dejaron de producirlas? ¿A que frágil
cuerda estuvieron unidos? ¿Recuerdan todavía un juego, un día frente al mar,
una cena especial? Ella le exige más dinero. El dice que no tiene más para
darle. El tono va subiendo. Él le pide que lo deje hablar. Ella grita algo. Él
le dice que eso es mentira. Se justifica. Ahora hace silencio y la
escucha. De pronto ruge, se transforma la voz, la cara, las manos alzadas, las
piernas buscando el balance y grita: fuck you fuck you fuck you, bitch! Apaga el telefono y se va.
Obama
La política a mi me toca
superficialmente. Casi no hablo de ella y nunca escribo nada al respecto. Pero
tal vez hoy logre decir algo. Me parece muy bien que Obama haya ganado otra vez
la presidencia. Creo que es un hombre inteligente, y que piensa más o menos
con los tiempos que corren. Al candidato presidencial republicano, yo lo veía
como un apéndice de Bush. Y creo que algo que pueda recordar a ese señor y su
gobierno, es para temerle. Toda la campaña de Romney estaba apoyada en un
sentimiento moralizante, lleno de ideas basadas en la religión o mejor dicho en
Dios. Eso es fatídico. Cuando entra la Religión, trae de la mano a la
Estupidez. Todas esas ideas por las que los cubanos más recalcitrantes perdían
las cuerdas vocales no eran más que un entramado de tonterías como las
que hablan hasta el cansancio refiriéndose a Cuba. También creo que tanto Obama
como Romney, son dos políticos estadounidenses y que ambos quieren lo mejor
para su país. Que yo no esté de acuerdo en cosas de los dos, no me da el derecho
de llamarlos con epítetos estúpidos. A este país no lo va a cambiar ni los Demócratas
ni los Republicanos. Aquí las bases están establecidas y son muy profundas. Lo
que está cambiando a este país son los tiempos en que vivimos, la forma como el
mundo se ha estructurado. Esta es la democracia. Ni hay mas na'. El presidente
va a tratar de hacer más o menos lo que se pueda y dentro de cuatro años lo
veremos en las escalinatas de La Casa Blanca, entregándole la llave al que
entra, no importa de cuál de los dos partidos sea. Así es y así será. Nada
perfecto, pero de lo imperfecto, lo mejorcito.
Sunday, November 4, 2012
El barrio: las hermanas putas
En el barrio había una serie de
personajes dignos de la literatura. Vivian sus vidas miserables y hasta cierto
punto estrafalarias, por encima de los dogmas, las leyes y la estructura monolítica
de gobierno, que era el sueño de los que aun tienen el poder en ese país.
Algo tenían en común, mirándolos ahora al paso del tiempo y la distancia
insalvable que se creó entre los que vivian allí y yo. Todos, sin excepción
eran personas solitarias, apartadas la mayoría de las veces de grupos y vecinos
y la locura, de una forma u otra, era parte de esas personalidades. Entre los
muchachos que íbamos a la escuela se rumoraba con altos grados de morbosidad,
mentiras y fanfarronería, las aventuras que cada uno de ellos habían tenido con
Las hermanas putas. Así se le llamaba a dos mujeres que se pasaban el día,
mirando y atrayendo desde la ventana de su miserable casa a todo el que
caminaba por la acera. Yo les tenía un miedo atroz. Escuchaba los cuentos
de mis compañeros de escuela y sentía una mezcla de deseos, miedo y repulsión.
La casa estaba frente al parque. Era de maderas, desvencijada, sin
pintura, inclinada como si de un momento a otro se fuera a desplomar. No
importaba el momento que pasara por allí, aquellas mujeres estaban en la
ventana. Temblaba cuando me aproximaba de miedo y curiosidad. Las dos sonreían.
Sus ojos eran pequeños, pero las lenguas inmensas. Reían y sacaban las lenguas
y las movían fuera de la boca, mientras me decían cosas que yo, con el miedo y
la prisa, no entendía. Después llegaba a mi casa sudando y atormentado por
aquellas largas serpientes que en mis sueños más secretos, recorrían mi
cara y partes de mi cuerpo, viscosas y calientes. No recuerdo por cuánto tiempo
seguí buscando excusas para pasar por el frente de aquella casa. Nunca hable
con ellas, ni siquiera tuve en mi mente la posibilidad de que me tocaran.
Hoy, después de tantos años, me doy cuenta que siempre las he vuelto a ver
(morbosas, sibilinas, repugnantes y deseadas secretamente) en el cine; entre
personajes solitarios, maltratados, que utilizan mientras son utilizadas,
buscadas por muchachos encandilados por las hormonas y la aventura.
Las he visto en las calles de las ciudades que he visitado, en Pigalle,
donde se abrían los sobretodos mostrando el cuerpo desnudo, mientras
pasaba rápido, de la mano de mi mujer, con la misma sensación de miedo y
deseos de aquella época cuando todavía era un niño lleno de
preguntas e inseguridades. Todas esas mujeres han sido de alguna manera
Las hermanas putas. Un personaje clave de una novela que escribí
hace más de veinte años, es la mujer de un pobre guajiro, que
se acuesta con jóvenes reclutas a cambio de una lata de leche o una toalla
manchada, es secretamente pensado en aquellas mujeres, recreándolas a ellas y a
su casa sucia, envejecida y miserable. Hoy, con cincuenta años
vividos, las recuerdo y las exorcizo de la única forma que puedo, junto con el
barrio y su locura, su miseria y también con mi vida. Las hermanas putas,
con sus lenguas de serpientes y sus ojitos pequeños me hacen revivir una época,
un momento, que forma parte de mis pasos hasta hoy.
Saturday, November 3, 2012
Poema del sabado
Solamente porque es sábado
y acabe la botella de
vino
puedo decirte
podría tratar de
decirte
que a pesar tuyo
a pesar de tu miseria
de tu vida mala
seguí la vida mía.
Un árbol delante de
mi mirada
y manada de pájaros.
El sol se refleja en
una ventana y da en mi cara
y eso
aunque ni siquiera
sepas
que existe
es importante.
No sé ni como
puedo escribir
esto que llamo poema
si lo escribo
recordando ese timbre
tuyo
ese dolor
y el miedo.
Las niñas están para
el mall.
¿Puedes creerlo?
Que fácil es decir
eso
y servirse más vino.
Que fácil es ahora
olvidar el horror
el golpe
la miseria.
Los muchachos son
simples
muchachos
que joden
que piden
que viven la vida
que tienen.
Que diferente que
no estés tú.
No estás tú y
descubrimos
la tarde,
la música en la
tablet,
una receta de la
India.
Oh sea,
que tu no estas
y la vida
nos invita.
Tu no estas
y ni rabia siento.
La nada siento.
Mariana compro para
las
niñas brazaletes de
colores.
¿Viste que fácil?
Jonathan grita,
matando electrónicamente:
coño, chico, ¿tu eres
comemierda?!
Así es.
Tu no estás, oh, no estás!!!
¿Es asi, tan facil?
El barrio: Prologo

Hace 32 años que no vivo en Cuba. Cuando
vivía allí, había en mí cierto desprecio por lo que me rodeaba; los deseos de
cambiar para una vida mejor y la eterna inconformidad de la juventud hacían de
mi barrio un lugar indeseado. Cuando pude llegar e instalarme en Miami, el
Reparto Poey (el barrio) comenzó a tomar matices diferentes. Nunca cometí el
error de elevar en la distancia una imagen de aquel lugar y creerlo una
especie de paraíso perdido como hacen algunas personas que he conocido; que han
llagado a decirme que en aquella época las personas eran más inteligentes o que
eran maravillosos los apagones diarios. Pensando de esta manera y desde la
perspectiva del niño y después el adolescente que fui, se me ha ocurrido ir
creando algunos post contando recuerdos (inexactos como todos los recuerdos)
sobre momentos y cosas en las que me vi inmerso en aquella época ya tan lejana.
Me gustaría, para que tengan una especie de continuidad llamarlos
El barrio, y a continuación el titulo que les daré a cada
uno. Veamos hasta donde llegara mi locura. Al Reparto Poey lo rodean el barrio
de Santa Amalia, La Palma, Barrio Azul, Las Yaguas, Los Pinos y Bejucal. Las calles
laterales (partiendo desde la Calzada de 10 de Octubre) se nombran con letras
que van desde la calle A hasta la calle H. Las transversales con números
: de 1era hasta 7ma. Un parque, la Escuela Felipe Poey y el Ciro Frias
(complejo deportivo) y una capilla de caracoles, que era parte de mi casa.
El arbol
foto:mariana aguero
Detrás de mi casa había un árbol. Era
un árbol viejo. En el tronco se leían los años, las lluvias pasadas, los fríos,
el calor y debajo de el también podía leer un poco la vida mía. Unido a la
vieja cerca, cargaba con todos los andariveles que le colgábamos, atraíamos a
los pájaros con cajas para el alpiste, lo adornamos con luces y botellas
de colores; tenia lagartijas y chipojos, pájaros azules, negros, rojos y
grises. Dejaba un manto de hojas en esta época del año y después en
primavera unas pequeñas flores que lo manchaban todo con una sustancia pastosa,
desagradable. Ese era el momento de cagarme en el. Y el de ignorarme. Nos protegió
con sombra mientras cocinábamos carnes, escuchábamos música perversa para el escándalo
de los vecinos, las niñas jugaban a ser mujeres alrededor de su tronco
arrugado y Mariana compraba flores que adornaban en macetas. El árbol era
el calendario de la vida de la casa. Estaba allí, indicando el tiempo que pasa
inexorable. Se doblaba con el viento y después continuaba haciéndose
notar, cambiando de hojas, creciendo en ramas nuevas, junto a la casa, al límite
de lo que no era mío. Ahora el árbol no está. La vieja monstruosa que dirige lo
que pagamos todos, decidió cortarlo. Ahora está el vacio de él y la cerca
nueva. Ya no están la sombra ni los lagartos, ni los pájaros. Ya no hay
hojas ni ramas, ni luces, ni sombra y su lugar es un sol
inmisericorde. Ya no está el tiempo vivido, el viento y su sonido. Había
una vez, un árbol viejo detrás de mi casa....
Donald Eugene Moeller
En Dakota del Sur, ejecutaron por inyección
letal a Donald Eugene Moeller. Fue muerto en presencia de los padres de la niña
que el secuestro, violo y después apuñalo. El cuerpo de Becky O'Connell ,
de 9 años de edad, fue encontrado por la policía un día después de su desaparición
en las orillas del Big Sioux River. Moeller, que negaba todo, al final confesó
el crimen. Tenía más de 60 años cuando lo mataron. Muchas voces se alzaron en
contra de esta ejecución. La Unión Europea, y sobre todo Francia, trataron de
encontrar clemencia para el. Cientos de personas se
congregaron frente a la prisión con velas, carteles, tratando de
que se suspendiera la ejecución. Querían que se le respetara la
vida. Pidieron que olvidaran a la niña de 9 años que entro a una tienda en
busca de alguna golosina cuando fue secuestrada. Los carteles y los ruegos decían:
olvidemos eso y sus gritos y su terror y su dolor, olvidemos su ejecución,
su muerte, su vida trunca, perdonemos a Donald Moeller, que es un hijo de Dios.
El Estado no tiene el derecho de matar a un ciudadano, decía otro cartel.
Salvemos a Moeller, que es un ser humano y como tal tiene que ser tratado. La
vida tiene un valor infinito. Así decían La Unión Europea, Francia y los
cientos de personas reunidas fuera de la cárcel, orando por él, con sus
carteles y gritos. ¡Salvemos a Moeller! ¿Sera que no leí bien? Porque yo leí
eso.
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