Saturday, April 20, 2013

El enfermo



Otra vez el carro con problemas. Hablar con mecánicos, escuchar, aceptar, pagar. Todo termina con ar; que horror, como vagar, cagar, pero eso es placentero. Excepto desplazarme de un lugar al otro, todo lo que tenga que ver con mecánica me produce estrés, terror, abulia. Admiro a esos hombres que todos los días están haciendo algo en el carro. Más bien los envidio. Como envidio a los que veo corriendo por las aceras, sudando, cuidando los músculos, el colesterol, la presión de la sangre. De verdad, no tienen doble sentido  mis palabras, ni una crítica escondida. Literalmente yo quisiera ser mecánico, quisiera ser deportista. También hubiera querido tener el valor (o la falta de él) y haber usado drogas. Si, ¿por qué no? Me intrigan esos viajes enajenados por las tonterías psicodélicas que tanto han exaltado el rock, la literatura y el arte en general. Ser, como dicen en inglés a bad boy. Porque vivir tan bien comportado aburre. Y un gordo bueno es patético. Y llorón es ya para matar. Bueno, a lo que iba: no se que tiene el carro. Es algo así como si estuviera tan cansado como yo de toda la porquería que me rodea y para joder, se venga conmigo, que soy el único que le presta atención. No quisiera escribir que lo quiero porque sería demasiado estúpido. Pero sí, quiero a ese cacharrito que ha caminado conmigo por los laberintos de esta ciudad y también por la maravilla de NY. Ha estado ahí cuando amantes y erotizados hemos hecho el amor en un callejón solitario. Cuando iba
a tratar de salvar a dos de mis nietas y a ese muchacho que no es nada mío, pero maltratado igual. Este carrito y yo nos conocemos y la vejez nos está haciendo estragos a los dos. Y es ahora un dolor de cabeza más. Un enfermo a mi vera.


No comments:

Post a Comment