Tengo saudades de mí,
me dijo y lloviendo fuimos al mar. Lo mejor era la soledad. Lo mejor era ella
tomando fotos de sus pisadas en la arena y las olas que nos empapaban. Todo
esta tan lejos, pero lejos. Después de ti no queda nada en la memoria, porque
mi mundo se convirtió contigo. Ella buscaba caracoles, pedazos rotos de
desechos lanzados por las aguas y cantaba. Me ignoraba un poco buscando su
mejor perfil, su cara de sombrero. Tengo ganas de orinar, dijo. Buscamos
el baño y en el eco, nos gritábamos. Reía porque esa tarde dejamos atrás las
cosas por las que no reímos. Y yo llevaba su cartera y sus Crocs y las llaves,
montones de llaves y mi celular, mientras equilibraba los pantalones que se me caían.
Un barco a lo lejos. Otro. Mojó su pelo con la espuma y no me dió tiempo a la
foto. También a mí se me alejo todo. Solo quedas tú. No se lo dije, le grite:
en aquellas rocas las fotos pueden ser espectaculares. Dejó de llover. El
salvavidas nos miraba desde su caseta, aburrido. Cantamos una canción antigua, ridícula
y linda. No hablemos nada, me dijo. Y la canción desafinada y el sonido de las
olas y las gaviotas. Volvió a llover. Vámonos ya, susurró. Y nos montamos en el
carro y bajamos las ventanillas y seguimos cantando. Después llegamos a la
casa. Solo quedas tú, le dije. Entonces toda la ropa mojada y llena de arena,
la pusimos en la lavadora. Que
frio, me dijo.
Sunday, September 23, 2012
Saturday, September 22, 2012
Ray
Son las once de la noche y estoy escuchando a Ray Charles cantando For Mama, de Aznavour. Lo encontré de casualidad.
Canción corta- venas esa. Sobre todo con dos copas de vino. Recuerdo un día, hacia frio y fue veinte y cinco años atrás.
Madrugada hacia el trabajo y de pronto la radio comenzó a tocarla. No la conocía.
Recuerdo aquella madrugada. Recuerdo como se tornaba todo de un color purpura y
el aire olía a hierba mojada. Recuerdo la luz del semáforo donde estaba
esperando. La imagen de una calle y un perro triste que cruzaba despacio. El
sonido del motor del carro y el instante de una foto en el zoológico de La
Habana, donde estoy comiendo algodón dulce. Ray se desgarra y yo me sirvo otra
copa y brindo solo por nada. Y busco la de Aznavour y es grande también.
Son las doce de la noche y el frio de la casa y la cabeza embotada.
Saturday, September 15, 2012
Mirta enamorada
Tengo que tener mucho cuidado. Debo de
reflexionar antes de escribir cada letra, cada idea, cada dolor. Porque algunas
cosas no pueden declararse sin que algo explote, dañe, duela. Pasa a veces
cuando una noticia en el periódico te toca muy de cerca y revive momentos que preferirías
no olvidar, pero si mantener alejados, muy bien guardados. La noticia a la que
me quiero referir no es sobre las protestas en el Medio Oriente, ni el asalto a
la embajada de Estados Unidos, ni las boletas ausentes ni lo que dijo el
presidente o el que quiere serlo. La noticia es sobre un niño. El novio de su
madre, Gabby Cancel, metódicamente, calculando el mayor daño posible, tomó por el cuello a este pequeño de cuatro
años, le pidió que levantara los brazos, para asestarle un golpe certero
en el estómago, con el puño cerrado por la rabia, que le ha costado
varias pulgadas extirpadas de sus intestinos. Pero lo peor no terminó allí. La madre protegió, ocultó, mintió
a la policía, para ayudar a Cancel. Ya lo dije, tengo que tener cuidado. Tengo
que escribir sin emociones y no recordar. Mirta Alfonso no denunció, no
gritó el abuso. Ella lo ocultó. Ella
cuido de su pareja. Ella cuidó de su
amor. Mirta Alfonso es una mujer enamorada de Gabby Cancel y como el amor cubre
una multitud de pecados, ocultó este.
Tratare de no incomodarme. De no comparar. De no medir. Ya lo dije, hay
noticias que parecen tan familiares, que asustan.
Soñé
pintura: joel nuñez
Soñé que cortaba animales. Así, literalmente, los cortaba con una cuchilla afilada y el cuerpo cercenado caía como la nieve que vi por primera y única vez en Atenas; despacio, con un ritmo lento que no dejaba de tener cierta belleza. No había horror en aquel acto. No me espantaba ni me agradaba. Cortaba a los animales, un gato, un perro, una lagartija muy verde y ellos no intentaban huir. Me miraban con ojos de bondad y yo sentía un amor infinito por esos cuerpos que se entregaban a mí tan delicadamente. Era yo y al mismo tiempo un hombre hermoso que no conozco. Veía mis manos que eran las mías, pero en un cuerpo que no me pertenecía. Aquel hombre delgado, joven, dirigía mis manos que separaban en dos a los animales y mientras trabajaba con la cuchilla me preguntaba por qué hacia todo aquello, si nada de eso me importaba, más bien me daba igual.
Después estaba en un pueblo al que había llegado sin saber cómo y caminaba solitario por las calles mirando una serie de estatuas, algunas ecuestres, de una belleza que me aplastaba. Las figuras se alineaban a lo largo de una especie de terraplén o algo parecido a un parque desolado y sentía el silencio que se metía en mi cabeza y me hablaba y me recordaba que tenía que volver. Entonces volver era desesperante, porque no sabía cómo hacerlo. No encontraba el lugar por donde había llegado, no recordaba como volver. No sabía a donde tendría que volver. Corría entre las estatuas y algunas se movían a mi paso y me observaban desde sus alturas. Yo preguntaba a nadie como hacía y no entendía las respuestas. Volver era imprescindible, pero no sabía a donde.
Eso soñé.
Soñé que cortaba animales. Así, literalmente, los cortaba con una cuchilla afilada y el cuerpo cercenado caía como la nieve que vi por primera y única vez en Atenas; despacio, con un ritmo lento que no dejaba de tener cierta belleza. No había horror en aquel acto. No me espantaba ni me agradaba. Cortaba a los animales, un gato, un perro, una lagartija muy verde y ellos no intentaban huir. Me miraban con ojos de bondad y yo sentía un amor infinito por esos cuerpos que se entregaban a mí tan delicadamente. Era yo y al mismo tiempo un hombre hermoso que no conozco. Veía mis manos que eran las mías, pero en un cuerpo que no me pertenecía. Aquel hombre delgado, joven, dirigía mis manos que separaban en dos a los animales y mientras trabajaba con la cuchilla me preguntaba por qué hacia todo aquello, si nada de eso me importaba, más bien me daba igual.
Después estaba en un pueblo al que había llegado sin saber cómo y caminaba solitario por las calles mirando una serie de estatuas, algunas ecuestres, de una belleza que me aplastaba. Las figuras se alineaban a lo largo de una especie de terraplén o algo parecido a un parque desolado y sentía el silencio que se metía en mi cabeza y me hablaba y me recordaba que tenía que volver. Entonces volver era desesperante, porque no sabía cómo hacerlo. No encontraba el lugar por donde había llegado, no recordaba como volver. No sabía a donde tendría que volver. Corría entre las estatuas y algunas se movían a mi paso y me observaban desde sus alturas. Yo preguntaba a nadie como hacía y no entendía las respuestas. Volver era imprescindible, pero no sabía a donde.
Eso soñé.
El hombre herido
Viajo cinco dias a la semana en tren, desde la ciudad en la que vivo hacia donde esta mi trabajo. Una fauna nocturna va conmigo y observo. Me gusta imaginar la vida de la gente por varios aspectos de su personalidad. Con algunas de las especies no hace falta echar a andar mi imaginacion. Son el claro reflejo de lo que hay. Lo que veo no da materia para elaborar nada mas que no sea poner distancia o cuidar mis espaldas. Otras pueden remover historias. Crear personajes a los que les tejo una maraña de acontecimientos y situaciones listas para la escritura. Uno de mis elegidos es un hombre de unos 60 años. Sube diariamente al mismo vagon donde acostumbro ir. Impecable, barba canosa, arreglada, un tenue olor a lavanda que me recuerda las manos de Gerardo, el barbero de mi barrio que me cortaba el pelo cuando yo era un niño. Traje oscuro, corbata perfecta. Sobre la pequeña mesa de su asiento, pone su tablet, su telefono y lee. Toma apuntes en su celular. Metodico, sus movimientos parecen la repeticion del dia anterior. No mira a ningun lado. Su expresion es autosuficiente, inteligente, una pequeña, casi imperceptible mueca de desprecio hacia todo lo demas, se refleja en sus labios. Solo levanta los ojos de lo que lee para anotar algo. Despues vuelve a la lectura. Hace mas o menos tres semanas que no lo veia. Hoy subio al tren. Tomo asiento en su lugar acostumbrado. Estaba muy delgado. Los ojos hundidos, la barba descuidada. Puso el telefono encima de la mesa y no saco su inseparable tableta electronica. Habia algo en el nudo de la corbata que no era igual que antes. Echo la cabeza hacia atras y cerro los ojos. De vez en cuando, secaba con un pañuelo la comisura de los labios de algo inexistente. Sono una alarma en su telefono y abrio los ojos. Busco en su maletin y extrajo una pequeña caja plastica transparente. Escogio una pastilla. La trago. Busco otra y de una botella de agua tomo un sorbo. Cerro la botella, la caja y su mirada tropezo con la mia. No habia altivez, no habia inteligencia en ella. Habia miedo. Crei ver en esa mirada una sombra de desesperacion. Volvio a cerrar los ojos. Imagino los demonios que esos ojos miran. Automaticamente, vuelve a secar sus labios. Quede por un instante observandolo a mis anchas. El hombre que leia en su tablet y escribia ya no estaba ahi. En su lugar estaba el hombre herido.
9-11
El dia antes fuimos a cenar, celebrando. Hablabamos y los planes tomaban formas magicas. Era la noche de otro aniversario nuestro. Despues un arroz con leche compartido y cafe. La ciudad y nuestras canciones. Recordabamos el viaje por la costa. Mansiones y rincones nos invitaban. El hotel y el mar. La comida rica y nosotros. Paso la velada como pasa todo y volvimos a la casa contentos y cansados. Dia siguiente en el trabajo. Ganas de volver. Rumores, temor. Abro la puerta, y en el televisor las veo. Estan 'cayendo inolvidablemente'.
Sunday, September 9, 2012
El suicida
Cierro la puerta tras de mi y camino con ganas de mirar hacia atras y cagarme en la madre de todos los que me rodean. No lo hago, solo sigo caminando y una lagartija cruza corriendo debajo de mis pies y casi la aplasto. Llego al carro y como siempre tengo la sensacion de que no me va a prender. Arranca y pongo el aire acondicionado. Me salio bastante barato arreglarlo. Pase mas de un año con calor, sofocandome en las calles de esta ciudad, que es un horno, porque pensaba que era demasiado para mi bolsillo en crisis. Bolsillo, casa, amigos, mi madre, todo en crisis. Matrimonio en crisis, trabajo en crisis, el coño de su madre. Tengo un encabronamiento que me gustaria poder tirarme con el carro desde un puente. ¿Pero que puente seria? Tendría que manejar hasta la 27, atravesar todo el nigger town, llegar a la 20 y en ese punto acelerar, romper la barrera y lanzarme al rio asqueroso que atraviesa la ciudad. Hasta hace poco tiempo atras, no me habia dado cuenta que a esta aldea la cruzaba un rio. Una vez un amigo mio, maricon y estupido, me conto que las grandes ciudades siempre tenian un rio. Nunca el mar. ¿Sera verdad eso? Paris tiene un rio, Londres tambien. Rios horribles, feos como todos ellos. Las construcciones a su alrededor son lo que hacen el lugar agradable. Los rios son una mierda. Agua sucia, desechos, basura, contaminacion. Pero en esta ciudad no construyen nada junto al rio y solo se pueden ver barcos viejos cubiertos de herrumbre, borrachos, negros, homeless, almacenes, camiones y miseria. Sabia que estaba ahi, pero ahora me di cuenta que si, que aqui también hay un rio y que me podria lanzar a el. Del carajo morir asi. ¿Manejar hasta alla, para despues hacerlo? ¿Que dira toda la gente que conozco? Mi madre dice que me pego mucho a los carros; despues pensara que fue un accidente por ese motivo. Mi mami. No puedo dejar de sonreir cuando digo eso. Me gusta decirlo. Mi mami. Es el titulo o parte del titulo de una novela. No me gusto. El titulo si. La griteria de mi mujer la tengo todavia en las orejas. No recuerdo bien por que me gritaba. No la escuchaba. O si la escuchaba pero no lo recuerdo. Recuerdo una pelea que tuvimos en el Rockefeller Center hace ya no se ni cuantos años. ¿Por que fue aquello? No se. Lo olvide. Tambien olvide porque sali de la casa. Hacia frio dentro de la casa. Afuera hace calor, insoportable calor. En esta ciudad te congelas y pasas al mayor infierno en cuestion de segundos. Solo tienes que abrir la puerta. Creo que Rodin penso en este lugar cuando creo Las puertas del Infierno. Estoy convencido. Lo imagino en un almacen del north west, martillo y cincel en mano, sudando como un condenado, dale que dale a martillazos, hasta terminar el armatoste. Una muchacha negra con un culo redondo y perfecto se me acerca mientras espero que cambie la luz del semaforo y me ofrece un paquete de medias blancas. Se las compro. Estan buenisimas. Ella tambien esta buenisima. Tengo ganas de decirselo. Negra, que rica estas. Pero no lo digo. La miro. Suda. Imagino el olor de su sexo y de sus sobacos. Thank you, le digo. Me mira y creo que no me entiende. La semana pasada llego a mi trabajo un negro trayendo una mercancia que yo tenia que recibir. Le dije good morning y el me dijo ¿what? good morning volvi a repetir y creo que entonces me entendio porque no dijo nada mas. La luz verde me indico que tenia que seguir y eso hice, acelere y me fui con el paquete de medias y el olor de la negra metido en mi cabeza. Como el paquete esta sellado, flotaria. No lo abri para sentir su calidad porque crei que asi no se hundiria. Imagino la bolsa de medias flotando y me siento triste. Una bolsa de medias sobre un rio sucio puede ser algo triste. De todas formas, para mi cualquier cosa puede ser algo triste. Creo que ese es el problema o uno de ellos, con mi mujer. Quiere que no sea negativo, esa es su palabra predilecta. Yo soy negativo. Me lo dice tantas veces que pienso que tiene la razon. Bueno, algo tengo que ser. Y jardinero y mecanico y friega platos y limpiador de casa y todo lo demas. Hace treinta y dos años ya ( como pasa el tiempo,¿ no? ) acababa de llegar desde Wisconsin y estaba en la casa de unas personas que ya no recuerdo ni sus caras. Eramos dos amigos mios y la mujer de uno de ellos. El otro queria aprender a manejar ( es la constante en este pueblo, lo primero, lo imprescindible, la biblia, tienes que aprender a manejar o te jodes, eres un handicap, un lisiado, alguien sin piernas, un comemierda mas que pasa horas esperando una guagua en una parada bajo el sol aterrillante o la lluvia inmisericorde ) y al rato regresaron chorreando agua. Se habian caido en un canal. Salieron los dos por la misma ventanilla. Siempre he pensado que por que los dos usaron solo una ventanilla y no la que tenian mas cerca; pero bueno, eso no tiene la menor importancia, cada cual sale por la ventana que le venga en ganas. Cuando fuimos todos corriendo hacia el canal a ver que pasaba con el carro, dos banderitas que estuvieron en la pizarra de aquel cacharro, flotaban de lo mas tranquilas, como si estuvieran disfrutando del frescor del agua. Era bonito verlas y lo dije. Elizabeth, la mujer de uno de mis amigos me miro con unos ojos de lanzarme al agua y me dijo mira que tu eres comemierda chico no se que vamos a hacer ahora sin el carro que esta alla abajo. Cuando me dijo eso, la verdad es que me senti como si hubiera sido yo el que tire el carro a las aguas de aquel canal. De pronto comprendi que el traste estaba debajo del agua y no se porque senti pena, creo que lastima, pero me quede callado por miedo a las zaetas que disparaba Elizabeth y tambien para no perder la lata de sardinas con arroz blanco que comiamos todas las noches, religiosamente, cuando regresaba del trabajo y que encabronada y cagandose en todos nosotros, nos tiraba encima de un plato desechable. Le dije lo siento, Elizabeth, y no me miro mas durante toda la tarde. Despues terminamos de ver una pelicula de un submarino que viajaba por el cerebro de un hombre y que yo no entendi nada porque no sabia ingles. Las barreras del tren comienzan a bajar. Quedo cerca de ellas. Me entusiasma la idea de ver pasar tan cerca al tren. Cuento los vagones, uno, dos, tres.... Me canso. No sigo contando. Siempre me gustaron los trenes, debe ser porque nunca he viajado en ellos. No se si deje la laptop abierta. El jodido gato juega sobre ella. Mi mujer recoge todos los gatos que se encuentra o los que sus amigas le dicen que se encontraron. No entiendo la facilidad que tienen para esos encuentros. Gatos. De todas formas a mi tambien me gustan esos bichos. Se suben en todas partes, cagan y yo tengo que limpiar la arena apestosa. Ella no lo hace. Ella hace otras cosas, dice. ¿Yo hago otras cosas? No se, parece que no. Suben las barreras. ¿Cuanto tiempo demoro en pasar el tren? Alguien suena el claxon. Es por mi, que estoy comiendo mierda. Pero me encabrona que toquen el claxon aunque este comiendo mierda. Quisiera poder comer toda la mierda que quiera y que no tenga a alguien siempre recordandome que estoy comiendo mierda. Ayer fue sabado y yo estaba de lo mas contento curioseando por el Internet, con un trago que me habia preparado, un vodka y jugo de naranja y cubitos de hielo. La felicidad completa. Hasta puse el vaso sobre un portavasos que compramos en Ikea de un color verde muy bonito, para no manchar la mesa. Yo solo en el comedor, el televisor apagado, las luces apagadas, solo la pantalla de la computadora iluminada y ella bajo las escaleras diciendome algo atropelladamente. Le dije ah, si, porque no entendi un carajo. Despues entendi: vistete, dale, que tenemos que ir al hospital. Fuimos. La madre de una amiga. Se muere y no lo sabe. Entre al cuarto. Ella iba delante de mi. Me da miedo entrar a los cuartos de los hospitales. No lo digo. Ella va rapido hacia la mujer acostada, con una mascara de oxigeno. La besa. La señora me mira. No me acerco, le digo como esta señora y me siento estupido al preguntar eso. Bien mijo, me dice y veo sus ojos y recibo el mismo terror de esos ojos. Como has engordado, me dice. No, que va, es la ropa ancha, le contesto con ese chiste anormal. Ahora soy mas anormal aun. La señora susurra cosas y la mascara de oxigeno se llena de humedad y mi mujer le contesta y yo miro las paredes, un lavamanos, una jarra plastica color rosa viejo un armario color chocolate. Otro hombre que estaba alli me mira. Lo miro y no baja la vista. Le sonrio. El no sonrie. Creo que debo de decir algo y no digo nada. Mi mujer le acaricia la mano a la señora. Una mano aun bonita, con las uñas pintadas, la otra esta inflamada, parece que fuera a reventar. Miro el techo. Salgo del cuarto. Respiro mientras busco el mismo elevador por el que subi. Me pierdo por pasillos que huelen a desinfectante. Pasa una mujer gorda vestida con ropa azul. Le pregunto. Me indica. Gracias, le digo. Me dan deseos de abrazar a esa mujer desconocida. Apretar su cuerpo gordo y decirle abrazame señora. Salgo. Se abre la puerta. El calor me golpea de pronto y me alegra. Me siento bien. Escribo un text message a mi mujer: estoy abajo, te espero. Lo envio. Recibo la respuesta: ok. Entro al carro. Pongo la radio. Estaba puesto un cd de Ney Matogrosso. A mi mujer le gusta mucho. Recuerdo la primera vez que me dijo mira, escucha esto y lo puso. No entendia casi nada, pero me gusto . Me gusto mas porque ella me lo mostraba y me miraba para ver mi reaccion y mientras Matogrosso cantaba yo recordaba su olor a miel. Llego mi mujer. Tiene los ojos rojos, ¿lloraste? le digo. No, me dice. La miro y me dan ganas de besarla en el cuello y sentir su olor y decirle no llores, no llores, asi tiene que ser, pero no digo nada y salgo del parqueo y pago los tres dolares que me pide el muchacho antes de abrir la barrera. Ahora tambien recuerdo aquel olor. Del carajo. Ese es el problema. Voy hacia el rio y me pongo con todo este lio. Siempre me pasa cuando conduzco por la 27 avenida. Es horrible, como casi toda esta ciudad y trato de no ver toda esta mierda. Suena el telefono. Es un amigo. Que vola me dice, quiere venir a la piscina con los hijos. Estoy lejos, le digo. Ok, otro día sera. Ok bro. Creo que no me cree. Siento mucho que no pueda venir a la piscina pero no se lo digo. En una luz un tipo se acerca a la ventanilla con un carton escrito: tengo hambre, dice el cartel. Siento asco por el tipo. Se que si le doy un dolar seria para drogas o cervezas. No le doy nada. Jodete cabron. El tipo me mira y veo que me dice el coño de tu madre. No lo dice pero yo siento que me lo esta diciendo de la misma forma que le digo jodete cabron. Esta bien, pienso, si a mi alguien me dice eso, tambien me cagaria en su madre. Estoy llegando a la 20 calle. Despues esta el puente. Paso una cafeteria horrorosa pintada de amarillo naranja. El olor a los chicharrones. Tengo hambre. Suena el telefono. Es mi mujer. Que haces, me dice. Nada. ¿A donde vas? No se, le digo. ¿Vamos a comer? ¿A donde? A donde tu quieras. Ok. Ok. Cuelgo. Cruzo el puente. Trato de mirar el rio. No se ve. Tiene barreras de concreto a ambos lados de la calle. En esta ciudad lo tapan todo, pienso. ¿Donde podriamos comer?
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